Venezuela: que vuelva la política

Alguna vez, cuando la situación política en El Salvador estaba estancada en un empate, donde la guerrilla controlaba la zona selvática y la derecha junto al ejército buena parte de las ciudades, Fidel Castro le recomendó al FMLN sentarse a negociar con las fuerzas de derecha dado que la situación consistía efectivamente en un escenario donde ninguna de las dos fuerzas en pugna estaba en condiciones de superar a la otra. No se equivocaba el jefe de estado cubano: en política, cuando se dan este tipo de escenarios la instancia de negociación siempre es la última baraja posible.

La situación política interna en la Venezuela de nuestros días reclama la creación de un espacio de negociación porque la situación actual se asemeja mucho a un empate donde el gobierno cuenta con un apoyo nada desdeñable de una ancha franja de la sociedad -que en los últimos tiempos es cada vez menos mostrada por las cadenas internacionales de medios que operan para derrocar a Maduro- y la oposición que cuenta con toda la cobertura posible ¿Hasta cuándo se puede seguir en estas condiciones? ¿Se extinguieron absolutamente todas las instancias de negociación? Maduro puede seguir en el gobierno por mucho tiempo ya que cuenta con el apoyo de un porción nada desdeñable de su pueblo pueblo y fundamentalmente de las Fuerzas Armadas ¿Qué hacer? Seguir estirando indefinidamente este estado de cosas no parece una opción razonable.

Tiendo a creer que el rol de quienes amamos a Hugo Chávez y nos conmovimos con su obra tenemos la responsabilidad de comprender que se puede apoyar un proceso pero que ello no implica dejar de marcar aquellas cosas que nos parecen un desacierto. Tampoco es conveniente abusar de la comodidad de analizar a Venezuela desde nuestros lugares, fuera de sus fronteras. Quiero decir que Venezuela reclama más que nunca responsabilidad política, lo que no implica para nada “pisar el palito” y comerse las operaciones mediáticas que no buscan soluciones sino erradicar la experiencia chavista para que ese país vuelva a ser la mansa cantera petrolera de América sin dignidad nacional. No nos confunden las actuaciones de personajes como Lanata, pero tampoco aquellos apoyos cerrados y principistas donde se desconoce que se puede apoyar un proceso pero al mismo tiempo marcar diferencias con alguno de los rumbos tomados.

Más que nunca se necesita de la política para hallar salidas que destraben la situación desastrosa en que se encuentra esta patria hermana.Las formas puntuales habrá que generarlas, pero todo en el marco de la política como espacio de diálogo, donde ninguna de las partes ceda por completo pero no obstante se exploren caminos superadores a una realidad que no favorece a ninguna de las partes.

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  1. JDP, en ocasión del incio y proceso de desarrollo del golpe del ’55, pidió opinión a sus camaradas más cercanos y leales, los cuales aconsejaron sin excepción hacer cumplir la Constitución (’49) y los reglamentos y códigos militares, que indicaban penas de hasta fusilamiento.

    El General escuchó atentamente como era habitual en él y, luego, contestó lo siguiente:

    La Constitución y las leyes son para la Nación y no ésta para aquéllas. Si los perjuicios materiales y destrucción de vidas que ocasiona el empeñarse en hacer cumplir la Constitución y la ley es mayor a no hacerlo, entonces es necesario preservar el valor superior que es la Nación.

    Luego de eso el General le propone a sus negociadores ante los sublevados que, si fuera necesario evitar males mayores, el Presidente de la Nación ofrecería su renuncia (no ante ellos sino ante el Congreso) si eso contribuía a pacificar los ánimos. Sus propios negociadores y “leales” (hasta ese momento) luego de tumultuosa reunión con los sublevados se pasaron al bando contrario, luego de lo cual el General enfiló para la cañonera paraguaya.

    En el caso venezolano, si la sublevación entrara a las FF.AA. de ese país, ojalá Maduro haga caso a la coherencia que regía la filosofía de vida de JDP.

    Si solo se puede ser patriota al costo de sacrificar cada vez más bienes y personas, el mejor acto patriótico es dar un paso al costado, exiliarse, esperar y ser paciente desde lejos. De lo contrario es solo matanza y destrucción sin beneficio para nadie.

    JDP le decía a Jorge Antonio: si hicimos las cosas bien, volveremos; y si no, si hay alguien que las haga mejor, bienvenido. Y si no … paciencia.

  2. Hoy en día Venezuela es la vidriera propagandística más útil que tiene la derecha continental. Lo mejor que podemos hacer los que nos consideramos progresistas, o de centro izquierda, es dejar de apoyar a Maduro, y mostrar que no todos los gobiernos de izquierda terminaron haciendo el mismo desastre, Bolivia no es Venezuela, Ecuador tampoco, Argentina no lo hubiera sido tampoco si hubiera ganado Scioli o cualquier otro candidato kirchnerista.

    Y más allá de este argumento pragmático, tampoco podemos aceptar desde los principios la falta de respeto a la decisión popular de los últimos años de Maduro, desde que perdió las legislativas, el derrape fue en aumento.

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