Una vida cayendo

A los tres años caí en el Jardín de Infantes de mi pueblo, que funcionaba por entonces en la Escuela Nº 7, una década después se inauguró el edificio propio, en un terreno donde vimos de niños a varios circos que caían regularmente por Tres Lomas (Circo Lobandi, Circo Hnos Rivero, entre otros) Recuerdo haber caído con Marta Sabater de docente en el Jardín, a quien luego volvería a tener en quinto grado, cuando caí en la Escuela Pública. Los pibes de mi generación somos todos caídos en la escuela pública y la gran mayoría de quienes realizaron una carrera universitaria, también cayeron en casas de altos estudios públicas. Gracias a “Temis” Gutiérrez, que en Séptimo Grado nos pidió un trabajo sobre León Felipe (sí, en Séptimo vimos a León Felipe) caí en la cuenta que el tema final del lado B del LP “Mediterráneo” de Serrat traía un tema titulado “Vencidos” con letra del gran poeta español. Eso me llevó a caer con otros discos donde el catalán le puso música a otros dos poetas esenciales: Miguel Hernández y Antonio Machado. Gracias a “El niño Yuntero”, de Hernández caí en la conciencia de lo que es la pobreza y el trabajo infantil.

Contar sus años no sabe
Y ya sabe que el sudor
Es una corona grave
De sal para el labrador.

Con Machado caí en que entre Sevilla y Tres Lomas mediaban sólo muchos kilómetros

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos de recordar no quiero.

Gracias a mi hermano caí en la poesía de Armando Tejada Gómez,

“Patrón, tenga su sombra. Guárdese su salario.
Hoy no me da la gana de alquilarle los brazos.”

También caí en Hamlet Lima Quintana y en José Pedroni ¡Pedroni!

“Haz con tus propias manos
la cuna de tu hijo
que tu mujer te vea
cortar el paraíso”

Debo reconocer que en matemáticas no caí mucho. Mas bien nada, pero no por culpa de la escuela sino porque ya de pequeño sentía que me interesaban otras caídas. Luego, en el secundario, el ejercicio de todos los comienzos de año era caer sobre los libros de literatura e historia y devorarlos pero luego me las llevaba a diciembre indefectiblemente. Es que me interesaba saber de historia, de literatura y me tenía sin cuidado si las aprobaba o no.

Nunca le dije a Temis Gutiérrez que esa felicitación, cuando llevé la letra de “vencidos”, fue el gran empujón que me hizo caer en un mundo donde el maridaje de poesía con música me ayudaría a pensar y luego me haría caer de cuerpo y alma en la política, que está indisolublemente ligada a todo ello. Pero no importa, la anécdota es que todo lo que he sido en mi vida tiene esa marca registrada, aquél día en que caí en la querida Escuela 7 de mi pueblo.

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