Una coartada para escribir sobre Spinetta

No pensaba opinar sobre los dichos de Rozitchner sobre el flaco Spinetta pero, la verdad, vienen bien como disparador para decir desde el vamos que este muchacho es, ante todo, un irrespetuoso pero además un ignorante que se anima a catalogar de una manera pueril al tipo sin dudas más serio que dio nuestro rock, y cuando digo “serio” no lo hago en términos de solemnidad sino que me refiero a lo profundo de su ingenio y creatividad. Desde esa seriedad es todo un dato -y aquí sí voy a coincidir con Rozitchner- que el flaco jamás hubiera tocado para Macri como lo hizo con Néstor, y no es casualidad: El flaco seguramente hoy no sabría quién preside la Cámara de Diputados, pero sí para que lado apunta la gestión de Macri ¿Para qué más? ¿Qué otra cosa se le podría haber pedido a un músico de la profundidad del Flaco?

El mejor homenaje que se le puede hacer a Spinetta es escuchar su obra, su densa y árida obra. Seguramente Luis gozará al enterarse que alguien debió escuchar muchas veces un disco suyo para entenderlo, y de eso se trata la obra de Spinetta. El flaco integra ese reducido espacio donde entran sólo los tipos que inventaron un sonido y una marca inconfundible en la música. Si su música se difundiera más, podríamos comprobar al hacer zapping que unos pocos compases instrumentales llevarían a muchos a declarar “esto es spinetta”. Es que, salvo quizás, en “Alma de Diamante”, donde los de mucha formación jazzrockera pueden entrever cosas de McLaughlin y Weather Report, en el resto de su obra la característica es que cuando empiezas a decir “se parece a” ya cambió, ya se fue a otra cosa y te dejó pagando. ¿Alguien tiene idea de lo que cuesta ser original en una escena como la del rock en un país periférico, donde todo llega siempre ya masticado desde el norte por mandíbulas de monstruos como McCartney, por citar solo a una de las más grandes stars? Es lo más difícil, pero el flaco lo consiguió… Logró abrirse paso en las ranuras imperceptibles que dejaron los grandes forjadores para, desde el sur, sonar único, sonar nada parecido a corriente de moda alguna.

Cuando murió escribí esto que sigue:

El flaco era distinto, era un distinto. Un tipo con una capacidad para componer, arreglar y “sonar” única, irrepetible. Cada disco suyo te exigía, su música te exigía -te exige- Spinetta estuvo siempre aliado a la sutileza, siempre sugiriendo, siempre guiñando un ojo. Siempre ahí, siempre cerca pero sin llegar, siempre informado, siempre atento a qué sonaba en el mundo pero muy consciente de que tenía que producir algo suyo, mensurando de manera genial la distancia entre la inspiración y la copia. Pudo, por caso, fascinarse con la Mahavishnu Orchestra pero nunca sonó a McLaughlin. El flaco tuvo el inmenso valor de trasuntar un género musical venido de afuera y ponerle una impronta suya, el flaco hizo a su manera una música de Buenos Aires, única, algo similar, podría convenirse, a Piazzolla. Tanto uno como el otro investigaron y abrieron caminos que sólo ellos podrían transitar. El callejón musical de Piazzolla sólo pudo ser transitado por el propio Astor, y cualquier intento por fuera difícilmente obtendrá resultados alentadores. Con Luis Alberto Spinetta pasa algo similar: nadie podrá explorar su callejón porque sólo él conocía cada adoquín, cada recoveco.

Cuando andás buscando algo en la radio y está sonando un fragmento instrumental de un tema de Spinetta, te das cuenta rápido que es él, porque Spinetta sólo sonaba a Spinetta. Hizo un producto único e irrepetible. Por eso me atrevo a decir que desde lo musical, su deceso es en términos de pérdida similar a los de Atahualpa Yupanqui y Astor Piazzolla, porque el flaco se las tomó de eso que se denomina rock hace muchos, pero muchos años.

Siento una pena sin fondo, que se agranda segundo a segundo. Y nadie me va a sacar de encima la sospecha de que el maltrato de cierta prensa asquerosa aceleró su partida. Porque el flaco no se merecía tanto maltrato.

Suena “Muchacha” y “A esos hombres tristes”, suena “Barro tal vez” y “Amenábar” explota con imágenes de un Tres Lomas caluroso la siesta en que llegó a mis manos el vinilo de “Alma de diamante”. Y “Toda la vida tiene música hoy” y “Viento del azur”, y “la bengala perdida” y quiero llorar porque se me fue uno de los músicos más respetado como artista y como tipo.

http://tirandoalmedio.blogspot.com.ar/2012/02/toda-la-vida-tiene-musica-hoy.html

Martín Zariello escribió esta genialidad sobre el flaco, que viene bien repasarla
http://ilcorvino.blogspot.com.ar/2012/02/spinetta-el-musico-que-nos-salvo-la.html

Y ahora, ahora que estás con el alma goteando, el flaco te canta una que sabemos todos

Share on Google+0Tweet about this on TwitterShare on Facebook0Email this to someone

Artículos Relacionados

  1. Creo que el pseudo filósofo no tiene entidad suficiente como para estigmatizar a artista alguno, y mucho menos a Spinetta. Es apenas uno de esos accidentes sociológicos que nos depara la efervescente realidad nacional,que en vistas de lo chato y pobre del panorama discursivo central,cobra cierta notoriedad, alimentada por el hastío y aburrimiento reinantes,que reclaman imperativamente algún sobresalto en vistas de la mediocridad que se ha venido enseñoreando desde el triunfo de los globos multicolores. Y si de escribas se trata,es de resaltar que un Gustavo Béliz era mucho más eficaz en su labor que este otro,una verdadera vergüenza para su ilustre padre, que era un genio y tuvo la desgracia de tener de hijo a esta oveja negra.

  2. Lamentablemente le tocó la desgracia de tener un hijo bobo al gran León Rozitchner, pero gracias a la Revolución de la Alegría consiguió una changa.

Leave a Reply