Un desagravio para Frank Sinatra

Cuando murió Frank Sinatra, Martín Caparrós escribió esta columna en el diario Perfil:

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El maestro de la melaza

MARTIN CAPARROS

En las imágenes de sus últimos conciertos, las que la televisión está mostrando todo el tiempo ahora, Frank Sinatra se parece mucho a Ante Garmaz. Nunca lo había notado, pero ahora me salta a la vista: se parecen tanto.

Y se me ocurre que todo es una cuestión de medida en la melaza. Nuestro vate estatal de la moda se nos pasa, y alcanza el exceso tempestuoso. Yo respeto el exceso. El muerto de hoy -“El entretenedor del siglo”, acaba de llamarlo el locutor de la televisión que miro mientras escribo esto-, el good old Frankie, en cambio, sabía dosificar su melaza con la precisión de un viejo farmacéutico, o aquél barman que nunca vi fuera de las películas. La melaza en su justa medida. La melaza eficaz.

Maestro de la melaza: escucharlo era como un pecado menor, un chiste íntimo. Como escuchar a los Wawancó, a Ignacio Corsini, a José Feliciano cuando cantaba que la playa estaba desierta y el sol doraba su piel: una manera de regodearse, un ratito, en la propia pavada: darle espacio.

Ayer se murió, y nada cambia para. Para tantos otros, para mí, se había muerto hace mucho. Su muerte no hará que lo escuche menos, ni distinto. La melaza sigue allí, igual que ayer y que mañana.

Hoy, aquí, hay un sol del carajo después de tanta lluvia, mucha gente sonríe por la calle y se regodea en esa otra forma de la melaza del lugar común: Nueva York soleado.

Me pasé toda la mañana en la ciudad y no escuché una sola palabra sobre el muerto del día. Los medios, en cambio, no paran de recordarlo con denuedo.

Aunque no digan que era tan amigo de la mafia, que maltrataba a sus mujeres, que apoyó las peores intervenciones americanas en el mundo.

Hoy, de eso no se habla: más melaza sobre melaza.

Son maneras

Hoy es el centenario de este cantante del que por todos lados se pueden leer notas donde se destaca su talento único. Fue un cantante casi perfecto, y si me apurás, quito el “casi”. Miles davis se inspiró en su forma de cantar para componer su fraseo en la trompeta, por ejemplo. Una afinación perfecta y un manejo descomunal de todos los elementos que hacen a la interpretación. Podría decirse que hacía todo con tal facilidad y simpleza que a más un desprevenido o poco educado en esto de savorear música podría darle la idea de que era un mero producto de la industria de disco.

Seguramente esto fue lo que llevó a Caparrós a escribir esta brutalidad donde queda demostrada su absoluto divorcio con la música.

No saber es un déficit que todos tenemos siempre en alguna materia. Lo grave es cuando no nos damos cuenta y cometemos papelones tan gigantescos.

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  1. Caparrós. Todo dicho, No es “nesario” ningún desagravio.

    En otro orden, Vladimir. Que buen descubrimiento. Ignoraba esas grabación de los Metronome All Stars (era una revista que hacía una especie de encuesta anual y grababan los elegidos)

    Nat King Cole al piano, Coleman Hawkins, Charlie Shavers, Johnny Hodges y Harry Carney. Top 10 de la historia.

    Gracias por el descubrimiento. Siempre se aprende algo.

    Y, si Caparrós, LTA

  2. Si yo no tuviera conocimiento alguno sobre Frank Sinatra, luego de leer la nota de Caparrós, concluiría que se trata de un artista cuya intrascendencia no justificaba que el autor le dedicara unas líneas. Antes de procurar escuchar a ese meloso artista menor del que habla Caparrós y que seguramente no ha dejado ningún legado, prefiero admirar este fragmento de la película El Hombre del Brazo de Oro donde el protagonista, excelentemente interpretado, lucha para no faloparse ante una crisis del síndrome de abstinencia:

    https://youtu.be/MmqTc07linY

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