Solanas ¿Cuál es?

A veces da miedo ser iconoclasta. Es mucho el respeto que se le tiene a figuras con la trayectoria de Pino Solanas y Alcira Argumedo. Tanto que sus solas firmas condicionan en buena medida la lectura. Uno lee con más respeto algo firmado por ellos.
Pero superada la primera ojeada, en las lecturas posteriores comienzan a verse las grietas y las fragilidades de esta nota que hoy publican en Página/12.
Una primera impresión es observar lo cómodo que es analizar la realidad política desde el centroizquierda testimonial, sin que se entienda esto en sentido peyorativo o chicanero. Es cómodo pues no hay necesidad de hacerse cargo del presente concreto, del aquí y ahora ni mucho menos de la gestión. Y digo esto pues hay dos formas de hacer política: O meterse de verdad en la gestión concreta y en la mierda, o simplemente comentar la realidad desde un lugar meramente opinativo y sin ningún compromiso concreto con lo que significa gobernar ni siquiera un intendencia pequeña.
Cuando no se tiene responsabilidad de gestión se vive del “Hay que” “Hay hacer esto o aquello” porque no hay necesidad de lidiar con los “cómo”, “Cómo pago sueldos”, “Cómo negocio con tal intendente que aunque esté en las antípodas de mi pensamiento ganó la elección con el 56 % de los votos”.
Definitivamente, el lugar que ocupás respecto de la gestión condiciona tu accionar político. El gobierno ha cometido errores y tiene limitaciones ideológicas pero no es petardeado precisamente por eso. A este gobierno se lo quieren cargar desde la derecha, y eso, o bien parece no ser visto por el cineasta y la socióloga, o bien no se lo admite porque se está esperando que lo hagan mierda de una buena vez para surgir –ellos- como la alternativa salvadora.
Siguen errando el análisis y jugando objetivamente el papel que más le conviene a la derecha, retransitando viejas sendas analíticas de mucha izquierda que a lo largo del último medio siglo vio al peronismo como el gran impostor y la causa de sus fracasos y por lo tanto abogó por su liquidación de modo tal de poder ocupar el espacio que el determinismo histórico LES tiene reservado.
Llambías necesita de Buzzi y de Solanas para que corran por izquierda al gobierno y así atenuar el impacto de la desestabilización que viene inequívocamente por derecha.
Cuando avalan el accionar de su diputado desnudan su verdadera estrategia, que no es otra que acumular desde un centroizquierda con folklore Nacional y Popular pero para lo que se requiere primordialmente un fuerte esmerilamiento del oficialismo.
Cuando describen el palco de Kirchner al lado de figuras no precisamente caracterizadas por su progresismo y no reparan en lo que había abajo, lisa y llanamente están jugando para la tribuna de ciertos sectores políticamente correctos y progres que no tienen ninguna necesidad de disputar poder y a los que sólo les basta con leer y votar figuras que calmen su culpa social.
Es mala leche mentar a Scioli y soslayar a Martín Sabbatella, a los miles de argentinos que fueron por las suyas, al pobrerío, a los sindicatos y los miles de militantes que movilizaron, por ejemplo, los movimientos sociales que son, a la larga, los que están bancando este proceso. Ignorar esto es verdaderamente letal en tanto delata una carga de necedad imperdonable. Porque cualquier profundización de este proceso seguramente dinamitará los puentes con ciertos sectores tradicionales del peronismo y el sindicalismo cegetista, pero cualquier agudización de contradicciones va a encontrar a los movimientos sociales en la primera línea de combate. Incluso hasta si imagináramos un hipotético ascenso de Solanas a puestos de gestión, se requeriría del concurso de estos mismos sectores sociales que hoy junto a Argumedo olvida citar en su diatriba contra “el palco” del martes.
El accionar de su diputado en las negociaciones por la 125 en la cámara baja es cruelmente delator de cómo, una vez mas, ciertas corrientes progresistas terminan jugando en el equipo del enemigo. Dicen que no fue posible lograr consenso en diputados, por eso, como no hubo consenso con el oficialismo (y niegan que hubo esfuerzos desde el oficialismo y que se introdujeron modificaciones en ese sentido que mejoraron muchísimo el proyecto original) la decisión que tomó Lozano entonces fue la de votar junto a la Sociedad Rural, el macrismo, la Colisión Cívica, el duhaldismo, los Rodríguez Saa, el delasotismo, el partido de Patti y toda la gama de partidos provinciales que, como es sabido, no se destacan por su progresismo.
Cuando hubo que decidirse por un proyecto como el del oficialismo que, aún sin contemplar en un 100 % sus propuestas se acercaba muchísimo más a sus postulados políticos e ideológicos, votaron en contra… Y no se engañen porque ya somos bastante grandecitos. Ese voto en política fue un voto por la suspensión de las retenciones. O sea que acabaron votando totalmente lo contrario de lo que abogan.
Penosa demostración de servilismo a la antipatria.
Critican el palco de Kirchner con los gordos y los intendentes corruptos del conurbano pero votan junto a la peor derecha oligarquica/menemista/procesista ¿cuál es?
Dijimos al comienzo de estas líneas que hay dos formas de hacer política y que la gestión condiciona el accionar político.
Bien, cuando tuvieron que gestionar minimamente, tan solo orientando un voto en la Cámara de Diputados, lo hicieron en sentido absolutamente contrario a lo que proponen y junto a la peor escoria política del país.
Duele decirlo.

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