No es lo mismo el agendado que el pelotudo

Seguramente “El pelotudo argentino” es el post más leído de todos los que publiqué. Ese texto, escrito de un saque y motivado por la bronca que me generó en 2010 enterarme que había gente que no le abriría las puertas a los censistas (y que fue refritado luego de las elecciones del año pasado con una modificación de su párrafo final) logró compilar con gran precisión una serie de conductas típicas de cierto tipo de argentinos, pero también me llenó de dudas porque una divisoria de aguas entre pelotudos y piolas es un corte equivocado que no lleva a ningún lado. Por eso es que luego de pensarlo mucho, llego a la conclusión de que el arte de quienes nos oponemos al gobierno de los ricos y tenemos la necesidad de derrotarlo primero en el debate de ideas y luego en las elecciones, es encontrar el punto exacto donde el ciudadano, rodeado las 24 horas por un sistema de medios que le formatea la agenda y el modo de reaccionar frente a ella, pierde lo poco que le queda de autonomía y capacidad crítica para transformarse lisa y llanamente en un pelotudo.

Es menester diferenciar al agendado del pelotudo porque no son lo mismo. Es un ejercicio parecido al que nos proponía Landriscina cuando marcaba el contraste entre el bruto y el ignorante planteando que el bruto es el mal aprendido y como tal no tiene mucho arreglo que digamos pero el ignorante, en cambio, es como tierra fértil que podrá ser cultivada. En el caso que nos ocupa, el agendado es una persona que en líneas generales responde a los estímulos que le introduce permanentemente el sistema de medios, pero que mantiene algún nivel de independencia. Por ejemplo es ese que cuando repite una gansada, ante un “¿En serio me decís eso? reflexiona, balbucea, trata de fundamentar y al comprobar que repitió una boludez, no sin dar batalla y refunfuñando reconoce de manera borrosa su error y pone fin a la compulsa. El agendado mantiene un grado mínimo de autonomía que ante una refutación bien fundada y ceñida al sentido común reconoce que ha sido manijeado (El gran mérito del 678 de los primeros años fue recuperar a miles de agendados) El agendado, entonces, es recuperable, pero el pelotudo ya no.

No es lo mismo el que votó a Macri cansado del kirchnerismo y buscando otra conducción que el pelotudo que te discute que el cuerpo de Néstor no estaba en el ataúd. Los dos votan, los dos hablan y reproducen nociones, pero no son lo mismo. El agendado polemiza en torno a Milagro sala, el pelotudo te jura que la vio entrar con lo bolsos llenos de guita a la quinta de presidencial .

Sería muy bueno que en estos días, donde abundan mensajes en las redes que le achacan a los pelotudos el hecho de que Macri sea presidente, aquellos que estamos en la oposición exprimiéramos nuestras inteligencias para no meter en al misma bolsa a unos y otros, por la sencilla razón de que al agendado se lo puede desagendar, mientras que al pelotudo no se puede hacer otra cosa que padecerlo.

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  1. El gran mérito del revolucionario 678 fue haber conseguido defenestrar públicamente a personajes nefastos para la patria, en un canal público (valga la redundancia) y en horario central, instalando un genuino debate político de gran altura como parte natural y cotidiana de la mesa de los argentinos.No estoy muy de acuerdo con la diferenciación entre los primeros y los últimos años del ciclo que definís.Me parece que si bien en los primeros años la actitud era más informativa (aunque no desprovista de impulso ideológico no sutil en absoluto),y en los últimos ya era de defensa a capa y espada del gobierno kirchnerista, hay que tener en cuenta que el titánico esfuerzo necesario para oponerse a toda una andanada mediática hegemónica nacional e internacional (cf: diario El País,repetidores de Clarín en el exterior,SIP,etc.),más toda una tradición periodística modelada en el corporativismo y la baja autoestima nacional,hacían necesaria una actitud de resistencia,firmeza y valentía semejante a lo que una vez caracterizó muy bien Max Delupi en un editorial, si bien un tanto exagerado,muy ilustrativo y descriptivo: como si se le pidiese a San Martín que fuera más moderado en medio del cruce de los Andes.Con respecto a los pelotudos y los agendados,es realmente muy difícil a veces para los convencidos y politizados encontrar fuentes de información confiables,que escapen a la lógica corporativista y de derecha.Aun cuando se las encuentra, todavía hay que realizar un finísimo filtrado y procesamiento de los conceptos, para no ser arrastrados por la irracionalidad. Así que imaginate lo que les costará a las personas no necesariamente preocupadas por lo político, cuyas subjetividades son acosadas permanentemente, en ese intento permanente y sempiterno de apropiación por parte del neoliberalismo,que tan bien ha señalado el psicoanalista Jorge Alemán,escapar a ese nefasto influjo que se empieza a padecer desde que se tiene memoria, con las primeras exposiciones a los rayos catódicos de la televisión cuando la más tierna infancia.

  2. Bien, Gerardo. Bien por este post. Porque la verdad, nos abre una ventana de posibilidades. Porque todavía son alrededor de la mitad de la población los que siguen creyendo en esta sarta de hijos de puta (perdón, pero es lo que son, lo demás son eufemismos), y no me veo haciendo campaña durante meses al grito de “vos lo votaste, hacete cargo: empezá por reconocer que fuiste un pelotudo”.
    En suma, entiendo que hay un porcentaje alto de tipos que efectivamente son pelotudos, a los que no se les puede pedir eso porque no tienen remedio.
    Y un porcentaje bastante más alto que hicieron una pelotudez y ahora, respaldados por la agenda, siguen creyendo que sí, que estamos mal, pero lo anterior era artificial, que las fiestas hay que pagarlas, o que CFK nos mejoró la vida a prácticamente todos pero es una chorra. A esta gente se le podrá ir demostrando que no, que los derechos no son una fiesta, que si vamos mal indefectiblemente vamos a ir peor (la economía no recula para tomar carrera), que no eran más chorros que los de ahora y además eso es secundario, que importa mucho más lo que se hace con la vida de 40 millones que los vueltos que se quedan los hijos de puta que siempre hay. Que va a costar bastante, pero que se los puede convencer sin decirle “primero reconocé que sos un pelotudo”.
    Bien por el post. Gracias.

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