Miles Davis, negro y mal entretenido

Lo había sentido nombrar como una referencia insoslayable, hasta que esa soleada mañana del 28 de setiembre de 1991 mientras caminaba por la calle 8 de La Plata rumbo a la legislatura, Lalo anunció en Rock & Pop su muerte. Ahí empezó a morderme una culpa desenfrenada por no haberle dado bola antes. Empecé a buscar sus discos, a investigar, a volver loco a Guillermo Fuentes Rey -mi alfabetizador en Jazz- y, por supuesto, adquirí y devoré la autobiografía de Quincy Troupe. Si querés entender el jazz creo que ese libro basta y sobra para conocer los lineamientos centrales. Ahí es el propio Miles el que por ejemplo define la importancia histórica de Ellington, su desprecio por Chet Baker, su lucha horrenda contra la heroína y mucho, mucho más.

Miles, el adolescente que compartió pieza con Charlie Parker, que una vez le empeñó la trompeta para comprar merca; Miles, el que siendo jovencísimo se codeó además con Gillespie, Kenny Clarke, Monk y toda la crema del Mintons. Miles, el que junto a Gil Evans vino a enfriar el incendio del Be Bop con la Orquesta Capitol, aquella selección de genios como John Lewis o Gerry Mulligan, entre otros. Fue el nacimiento del Cool Jazz, un jazz en modo refinado, fresco, tranquilo y sutil que sería tan sólo la primera gran transformación de las cinco que encabezaría entre los cuarenta y los ochenta.

Me asumo medio conservador en lo musical, por así decirlo, y lo expreso porque ya el otro día hablando de Saluzzi dije que prefería al de acá antes que al internacional. Con Miles me pasa que lo que más me gusta de su obra es lo que hizo en los cincuentas y sesentas. Su fase eléctrica no me llama, es más, me animaría a decir que fue para atrás, que involucionó. Se me ocurre que hubo un momento en que eligió ser una estrella de rock & pop y ello significó por lo menos un freno en su creatividad, pero es mi gusto, ya sabe, no se lo tome muy en serio. Es que seguramente lo que late bajo estos enunciados es una contienda larvada con el rock que alguna vez sacaré a relucir con todas las letras. Digo, a modo de adelanto, que cierta caracterización muy sorda del rock como una música elevada ha llevado a grandes confusiones porque en rigor es todo lo contrario. El rock no eleva al folklore, al samba o al flamenco cuando se le pone al lado. Mas bien lo degrada, lo brutaliza, pero bueno, hay que tener algunas décadas de escuchar y escuchar para entenderlo. Y Miles, creo, harto de ser el genio y de mirarlos a todos a su espalda y a lo lejos un día se decidió a ser estrella y así fue que la muerte lo encontró admirando a Prince, que, bueno es aclararlo, sabe mucho más que la media de las estrellas de rock.

Algún crítico escribió que nunca se sabía dónde comenzaba a sonar su trompeta y cuándo finalizaba, toda una definición magistral de su sonido, luego imitado por Baker y Marsalis, de ahí su pelea con ambos. Le costaba bancar que además de copiarle el sonido tocaran tanto o más que él (Marsalis sin duda toca mucho más pero, eso sí, no inventó ni la décima parte en comparación). Pero además lo enfermó que Chet tuviera en algún momento más renombre que él. Es que era un tipo difícil, de lanzar pontificaciones absurdas de las que luego tenía que arrepentirse, como cuando declaró que Thelonious Monk tocaba puros acordes falsos… O cuando afirmó que los negros tenían un sonido distinto a los blancos y que él podía descubrir el color de piel de un músico con sólo escuchar una grabación. Leonard Feather -quizá el crítico de jazz estadounidense más respetado- lo sentó en una silla de espaldas y le empezó a pasar discos para que él dijera “Blanco”, “Negro”. Le erró fabulosamente y tuvo que reconocer su gansada.

Es usual ver muchos de sus recitales en que toca sus solos de espaldas a la platea: Miles militaba a full la causa de los negros pero tuvo la desgracia que su público fue siempre mayoritariamente blanco y eso lo ponía del tomate, por eso y a modo de repudio adoptaba esa actitud. Cierta vez lo fajó un policía y lo dejó muy torcido, la noticia circuló por su barrio y a los pocos días el cana apareció asesinado. No hay pruebas pero los amantes de este negro mal entretenido nos inclinamos por sostener que la muchachada lo vengó.

Fervoroso seguidor de Ray “Sugar” Robinson y siempre muy preocupado por la facha, Miles Davis pasó por el mundo creando, polemizando, disfrutando de las mujeres la música y las drogas hasta que su viejo y admirado amigo Quincy Jones le propuso recrear en Montreaux sus grandes obras de los cincuenta junto a Gil Evans: por primera y única vez aceptó volver a tocar su música vieja y en junio del 91′ tocó fragmentos de “Miles Ahead”, “Porgy and Bess” y “Spain”. Ya no estaba en plenitud, por eso lo llevó al trompetista Wallace Roney para que ejecutara los pasajes más álgidos que él ya no podía tocar. Cuando regresó a Estados Unidos enfermó y ya no se recuperaría más. Su cuerpo, tan maltratado pidió gancho y quizás ahí terminó de ascender la creatividad en el jazz norteamericano. Existen probabilidades de que Miles se haya llevado consigo lo poco de sorpresa que le quedaba a este lenguaje. Luego han venido decenas de grandes figuras que en rigor se asemejan a grandes técnicos más que a grandes músicos. Hoy se toca todo perfecto, pero todo lo que ya se ha tocado antes. Vivimos la dictadura de los técnicos, pequeños monstruos insolentes con una digitación diabólica pero que no nos cuentan nada nuevo.

Si la música es “clima”, despreocupación por el vértigo, si por un instante un silencio suena más que mil acordes, si es riesgo y provocación, es Miles Davis. Nació un día como hoy de 1926, hijo de un odontólogo de buen pasar.

Feliz cumpleaños

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  1. unos años antes del final, Miles grabó un idsco un poco extraño, bastante alejado del rock, y de a ratos, bastante alejado del jazz. Palle Mikkelborg, un compositor danés, había escrito una suite de diez piezas, cada una nombrada con un color, le dedicó la obra a Miles y le envió la partitura. A Davis le gustó y quiso grabarla, y lo hicieron con la Danish Radio Big Band, dirigida por Mikkelborg e invitó a McLaughlin y Nils Hening Orsted Pederssen. El disco se llama Aura y es hermosísimo, uno de los últimos y mas brillantes destellos de creatividad de Miles.

  2. Espero con ansias ese posteo sobre el rock. Tomate tu tiempo que seguramente somos muchos los que andamos en algo así. Debe ser que hay una ambivalencia porque cuando metemos a tipos como Charly o Spinetta en la ecuación es muy difícil tirarse contra el rock.

    Una perspectiva alternativa a tu enojo: los rockeros incorporan motivos folklóricos, de samba o de flamenco para que el rock no sea tan chato. 🙁

    Creo que lo más lamentable no es el triunfo del rock, sino que ese triunfo conllevó a la extinción o pase a tercer o cuarto plano al resto de las músicas. Será que uno es medio viejo, pero la pendejada no te escucha otra cosa que no sea rock, pop o derivados comerciales.

  3. En líneas generales la época “eléctrica” de Miles me gusta bastante menos que sus quintetos (el de Trane y el de los sesenta) y sus colaboraciones con Gil Evans.

    Quien hizo un “blinfold test” con el crítico inglés Leonard Feather donde apostó que podía reconocer si un músico era blanco o negro fue otro trompetista, Roy Eldridge. Sale la transcripción en las pág.477/78 de la Enciclopedia del Jazz del crítico (1960). Eldridge pifió casi todas. En realidad no pudo arriesgar en la mayoría.
    No obstante, hay varias referencias del test de Miles de 1958, donde destroza a Monk/Rollins, y canta loas a Ellington y Armstrong. También reconoce su admiración por Bobby Hackett, trompetista blanco de quien le gastaba todo. También Miles hace una pruebita “blanco/negro” sobre una grabación de Buddy Colette donde dice más o menos que todos los tenores blancos suenan igual para él, pifiándola mal.

    Miles hizo otro “blinfold test” para Feather en 1968 que está en las pág.33 a 35 de “The Encyclopedia of Jazz in the Seventies”. Destroza a Freddie Hubbard, Thad Jones-Mel Lewis, Archie Shepp, Al Hirt (razonable), Sun Ra (que supone europeo) y Don Ellis.
    Sólo le gustaron The Fifth Dimension (quinteto vocal negro pop) y Electric Flag (rock blanco yanqui). Tenía sus gustos bastante eclécticos.

    Hay una época de Miles que no me entusiasma. Esos discos demasiado funky, como On the Corner no han envejecido tan bien. Sus primeros experimentos en lo que se llamó jazz-rock fueron interesantes (Bitches Brew, In a Silent Way, Jack Johnson). Pero su período 1971 a 1975 no me entusiasma tanto y es raro que me ponga a escuchar sus discos.
    Su vuelta a fines de los 70 y hasta su muerte no tiene cosas demasiado espectaculares. Qué se yo. No hay un Kind of Blue, un Birth of the Cool o un Bag’s Groove o Miles Ahead o Nefertiti.
    Alguien citó más arriba “Aura”. Es un buen disco, pero coincido con Gerardo.

    1. El dato sobre el desafío de Feather recuerdo que se lo leí al alemán Joachim Berendt en su famoso libro “El Jazz”. El tema es que me puse a releer buscando el dato y encontré éste que quizá me llevó a la confusión.

      Copio textual de Berendt:

      ” En una “prueba ciega” que ejecutó el crítico norteamericano Leonard Feather en 1964, Miles Davis aplicó a muchos músicos conocidos del jazz epítetos tan fuertes que la revista down beat no se atrevió a imprimir las correspondientes “palabras de cuatro letras”, sino sólo las insinuó por guiones. Músicos de tanto prestigio como Clark Terry, Duke Ellington, Eric Dolphy, Jaki Byard, Cecil Taylor y otros fueron insultados en esa ocasión por Davis.” (Pag 167)

      (Acá está el libro subido a la red, muy pero muy recomendable)

      http://www.slideshare.net/edgararruda/berendt-joachim-el-jazz-1994

      1. Recuerdo ese libro de Berendt. Tapa verde y gordito, del FCE si no me equivoco. Lo tuve varios años y un día desapareció. Y me acuerdo las críticas despiadadas de Miles a sus famosos colegas. La edición que está on line es posterior a la que yo tenía, que llegaba hasta principios de los 70. La voy a hojear para ver si es actualizada o una simple reedición. Gracias por el link.

        Cuando citaste lo de blanco/negro me acordé de inmediato y tenía la cuasi certeza de que el canchero había sido Eldridge. Fui a las fuentes y la memoria no me había fallado.
        Pero también Miles tiene su pifiada con lo de Buddy Collette. En realidad, en esos años, Collette tocaba en una onda West Coast que era dominada por músicos blancos. Fue parte del quinteto de Chico Hamilton que hacía un jazz de cámara, con cello y todo, así que era fácil que se equivocara.

        Con Chet Barker, releyendo las citas en la autobiografía, no es tan duro como con Marsalis, con quien tuvo un encontronazo en un concierto.

        Saludos.-

        1. Y ese test del 64 donde destruye a todos lo leí en alguna vieja Down Beat. No sé si la original (tengo algunos ejemplares sueltos de los 60) o en algún “greatest hits” en ediciones posteriores. La voy a buscar. Saludos again.

  4. De acuerdo Gerardo , la etapa que inicia en Bitches Brew con esa fusion que es confución , como diría Chucho , no tiene nada que ver con una de sus obras maestras que es el concierto en Carnegie Hall del año 57 con la orquesta de Gil Evans donde estrena Someday My Prince Will Come . Claro no está dicha todavia la última palabra sobre Miles pero lo que viene despues de Brichtes nunca me confromó

    1. Correction. El concierto en C.Hall fue en 1961. Tengo la idea que en mayo. Se puede gugliar. Ahí ya estaban Wynton Kelly y Hank Mobley en tenor que duró hasta la llegada de Wayne Shorter. Lo tengo claro porque fue el primer disco (vinilo) que compré de Miles en mis años de secundaria y con mis ahorros.
      Y coincido con lo posterior a Bitches Brew tampoco me conforma tanto.
      Saludos.

  5. Excelente post, Gerardo!!
    Provengo del rock, y no conozco demasiado de su obra. Pero es sabido que “In a silent way” dio comienzo al Jazz Rock o Jazz Fusion. Gracias a YouTube lo escuché hace poco, y me pareció impresionante.
    Un día de estos me atrevo con “Kind of Blue”.
    Espero también ese posteo sobre el rock. Aunque no todo es lo mismo, por ejemplo Led Zeppelin, CSNY, ELP, Yes, e incontables etc., que muchos otros de inferior calidad.
    Saludos.
    Miguel F

  6. Mi primer disco de jazz fue Amandla, aunque no es exactamente jazz, no está tan lejos, no es tan abstracto como Bitches Brew o On The Corner, y tiene todo lo que espero siempre de Miles, el sonido agudo y compacto de la sordina, fraseos relajados, cada tanto una disonancia que me deje la oreja un par de compases en offside, algunos silencios tan geniales como desconcertantes, pero por sobre todo, un clima de que está sucediendo algo único, un pequeño milagro, un cristal a punto de quebrarse, algo que flota en el aire y no hay palabras para describir. Mas allá de los que algunos discos nos encanten, otros apenas nos gusten y otros un poco menos que eso, la música de Miles es extremadamente frontal y honesta, no hay artificio ni engaño, es la obra de un artista cabal y cristalino. Haber escuchado Amandla aquel día, mejoró todos los que vinieron después, así que cada día debería agradecerle a Miles.

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