Mercedes Sosa Interpreta a Atahualpa Yupanqui

Elegir “lo mejor” de un artista es siempre injusto, por eso abomino las compilaciones tipo “20 Grandes Exitos” que, por otra parte, no hacen más que refritar las obras más conocidas de los artistas. Por eso no voy a hacer algo similar sino que trataré de explicar por qué considero que el LP “Mercedes Sosa interpreta Atahualpa Yupanqui” es quizá la grabación que expresa el punto justo y más elevado de Mercedes. La razón principal es que el terreno del folklore fue siempre su raíz y razón de ser. Los intérpretes no se mueven igual en todos lo géneros, y eso se notó siempre en ella, las pocas veces que cantó tangos o cuando recorrió el cancionero latinoamericano. Obvio que lo hizo muy bien, pero nunca llegó al nivel de intensidad y “tierra” que trasuntó en la música que mamó desde la cuna, que fue la nuestro interior. Mercedes en trío, que es la instrumentación más lógica, con Oscar Alem en el bajo, Domingo Cura en el bombo y el gran Pepete Bértiz (el de Los Andariegos. Por favor prestarle atención a su trabajo en “Criollita santiagueña”) y Colacho Brizuela alternándose en la guitarra.

La Mercedes Sosa que se escucha aquí le sonará un poco rara a los jóvenes y quienes no han buceado en su obra. Lamentablemente, de Mercedes se escucha preferentemente su última época, que artísticamente no es la mejor. “Cantora” tiene el valor de la despedida y emociona por eso, pero si queremos asombrar a un extranjero haciéndole escuchar una cantante casi perfecta, sin dudas tenemos que ir a la década del 70 y preferentemente a este álbum, donde el fraseo, las inflexiones y el clima son únicos. Las obras insignes de Yupanqui encuentran las claves interpretativas justas (no hay nada más difícil que interpretar a Yupanqui y que se note que es Yupanqui). No tenemos que olvidar, además, que en buena medida, Mercedes tuvo que crear un estilo ya que no sobraban las referencias cuando ella empezó a transitar la senda del canto.

TEXTO EDITADO EN LA CONTRATAPA DEL LP ORIGINAL (P) 1977

No es la primera vez que se unen, en la magia perpetuadora de belleza y sonidos que es el disco, las canciones de Atahualpa Yupanqui y la voz de Mercedes Sosa. Pero esta vez la conjunción se ha dado de modo especialísimo, no sólo como homenaje —pues el reconocimiento es ya largo— al compositor del venero fecundo, sino lambió como tributo y loa al suelo que, al fabricante de los versos y a la singular recreadora de su espíritu, les dio vida y raíces, ojos para mirarlo y corazón para amarlo.

Del río y de la montaña, del bosque y de la pampa, surge la canción que el alma sencilla y secular del pueblo diera.

Y hombres y mujeres de alma clara recogen y la llevan a cuestas como un fardo de luz que nada pasa, la llevan en la alforja como un grano de trigo y maíz que no se seca nunca, la acunan en la entraña como un hijo. Y la lanzan al viento de todos los innúmeros caminos que caminan, para que —antorcha y alimento— con ella sean menos oscuras las noches oscuras del planeta. No es la canción del pueblo —queja, divertimiento, lección, lucha, recuerdo— cosa para cantar de labios para afuera. Pasa por la garganta, vibra en un instrumento.

Quien aspire a tenerla, a darla, a repetirla, no podrá hacerlo desde una torrecita de marfil cualquiera, sino únicamente si está inmerso en el pueblo: viendo a través de su pupila los mismos árboles y las mismas flores, las lunas y los soles que el pueblo ve; sudando los sudores, bebiendo sus anhelos. Es decir, no “cantándole al pueblo”, sino siendo pueblo. Y tal es el caso ahora.

Venido de mis lares lejanos a estos pagos hermanos, no siento la distancia, he tenido la suerte buena de presenciar una parte de la grabación de este disco. Y con Mercedes, cuya voz vence el frío del invierno, con Domingo Cura que hace sonar el bombo en un rito majestuoso y jovial, con Oscar Alem que da al bajo sonoridades y ritmos de agua profunda, con Nicolás Brizuela puesto a pulsar su guitarra criollísima, lindamente, y con Santiago Alberto Bértiz, el “Pepete” querido, hermano por encima del tiempo, otra vez —¡qué bien!— en el tañer de las cuerdas de las que no se sabe si de pronto van a salir volando mariposas o pájaros, he asistido a una especie de prodigio.

Llegamos al estudio, tras un simple tararear de Mercedes en la línea melódica, tras una breve, certera, indicación técnica de Alem y un repaso ligero de acordes y compases de Domingo de Colacho y de Pepete, brotaron las zambas y las chacareras del maestro. En menos de dos horas y media de labor, cinco canciones de Yupanqui quedaron —el punteo, el rasgueo, las cadencias, el gorjeo y el son— para deleite de tantos que somos hoy, y de muchas que mañana serán, plasmadas sin mancha en el acetato bendito.

Muchas veces me he preguntado, desde mi estremecimiento dulce, oyéndola una y otra vez pero nunca bastante, cual es el secreto de Mercedes en su voz que traspasa todos los muros y los años y llena el firmamento. Y no he podido hallar en los pentagramas la respuesta cabal. No es sólo cuestión de afinación, de aire amplio, de ritmo dominado, perfecto. Va más allá, cielo arriba, pecho adelante: porque amor es su palabra fundamental y amar es el verbo mayor que ella conjuga.

Amor a los seres y las cosas, amor que distingue la aurora de la sombra; pero que jamás se esconde, ni se retrae, ni duda cuando la gente buena y las cosas honradas se asoman a su vida y a su acaecer humano. Tal su clave, pues: amor, amor inmenso, intenso, verdadero, infatigable, que nos alcanza, nos envuelve, nos penetra, nos gana y nos enciende.

Un día, miles de kilómetros norte arriba, en mi México tan parecido en mi esencia vital a la Argentina que es pueblo agridulce y recio, esperanzado y limpio, cuando llegó Mercedes, tucumana, argentina, yo escribí, pensando sin embargo en el continente entero y en el mundo… con su voz, con su canto, con ella, “va a comenzar a crecer, a recrecer aquí la yerba de la historia hermana”.

Y ahora lo confirmo. Porque en ella va la poesía inviolable de la tierra.

Alberto Domingo
(Revista “Siempre” México)

Lista de temas y autores:
01. Piedra y camino [Atahualpa Yupanqui] (3:44)
02. Guitarra dímelo tú [Atahualpa Yupanqui] (3:21)
03. Chacarera de las piedras [Paula Pepín] (2:02)
04. Tú que puedes, vuélvete [Atahualpa Yupanqui] (3:44)
05. La viajerita [Atahualpa Yupanqui] (3:12)
06. Los hermanos [Atahualpa Yupanqui] (2:57)
07. Criollita santiagueña [Atahualpa Yupanqui – Andrés Chazarreta] (3:35)
08. La alabanza [Atahualpa Yupanqui – Hermanos Díaz] (2:10)
09. La arribeña [Recop. y Mús. Atahualpa Yupanqui] (3:31)
10. Duerme negrito [Recop. Atahualpa Yupanqui] (2:25)
11. Zambita de los pobres [Atahualpa Yupanqui] (3:59)
12. El alazán [Atahualpa Yupanqui – Pablo del Cerro] (3:52)

Share on Google+0Tweet about this on TwitterShare on Facebook0Email this to someone

Artículos Relacionados

  1. Cuando se unen dos genios, nacidos en la misma tierra … ¿qué dá Tucumán? se produce una cosa extraordinaria como esta. Y cuando un crítico expresa su pensamiento de una forma tan cierta, queda una como si se hubiera liquidado un banquete entero a base de lo mas exquisito. Su articulo Alberto no parece sino que usted mismamente hubiese nacido tambien en Tucumán, donde estos genios son idolatrados. Usted expresa en él lo que desde que conocí a Mercedes Sosa a traves de sus grabaciones, he pensado de ellos. Primeramente escuchaba a Don Ata de la misma manera y conocía sus canciones al dedillo pero cuando conocí a esta artista y su voz fuera de serie en sus zambas y chacareras, supe que era la voz mas perfecta que había parido madre. Me refiero a esa etapa que usted, como yo, considera la mejor que tuvo. Voz de mezzo soprano interpretando folklore argentino! Una maravilla…Y pensar que ella creía no tener mérito! Claro es que los más grandes piensan así. Mi comentario tiene por objeto principal darle las gracias por su articulo haciendo hincapie para quien interese, que usted no es argentino sino mejicano (pais que conoce bien su musica e intérpretes) Le doy las gracias por su hermoso articulo Alberto con mi saludo afectuoso.

Leave a Reply