Mauricio tiene razón: es el gobierno más autoritario de los últimos 50 años

Porque para él “autoritarismo” es otra cosa.

Porque este gobierno es el que les robó ese país por el que claman los cacerolos. Mauricio y muchos de los que lo votan creen que los que se llevó la dictadura en alguna medida lo tenían merecido porque no hacían lo que hace la gente común. Es que hay un pensamiento, que no casualmente afloró con fuerza esta semana, basado en que los estudiantes deben dedicarse a las cosas de los jóvenes y los trabajadores a trabajar en lugar de andar prestándole mucha atención a la cuestión gremial. La idea de que al colegio se va a estudiar y al trabajo se va a trabajar con que los argentinos fuimos formateados entre 1976 y 2001.

Esa idea de comportamiento social disciplinado en el marco de un orden dado e inmodificable fue puesta en discusión a partir de 2003 por un gobierno que tomó medidas contra ese estado de cosas y precisamente esa forma de proceder es leída por buena parte de la sociedad como “autoritaria”.

Mauricio no miente, no nos regala un discurso de campaña. Él cree fervientemente que este es el gobierno más autoritario de 1963 hasta nuestros días, porque lo siente como amenaza a sus privilegios. El estado natural de las cosas en la cosmovisión de Mauricio es la década del 90 y todo embate a ese modelo lo percibirá como necesariamente violento y autoritario.

El problema está en cómo se ha modificado el sentido del lenguaje político. En el video también se lo escucha decir “no seamos tan conservadores” y eso es un escollo no menor para la discusión política cotidiana porque las palabras están teniendo más de un significado y así es complejo entenderse porque mientras para Mauricio “autoritarismo” refiere a un gobierno que ataca a su modelo de país, para nosotros esa palabra remite a estado de sitio, terrorismo de estado, cercenamiento de libertades establecidas en la Constitución e imposibilidad de elegir nuestros gobernantes en elecciones libres.

Para él y muchos como él, volver al estado es un viaje de ida al pasado y la modernización inexorablemente pasa por reinstalar el modelo privatista que de no haber sido por la impericia de De la Rúa, nos habría conducido a una realidad económica, social y política mucho mejor. En su mundo mental, vetar 8 de cada 10 leyes aprobadas por la legislatura con el voto de su bancada es un aviso de que el futuro está llegando y no un estertor feudal.

Tenemos un problema cuando para mi hijo el “ortiba” es un mala onda mientras para mi viejo era un alcachuete. Esto, trasladado a la discusión política, es preocupante porque ya no sólo tenemos dos realidades, empezamos a tener dos lenguajes.

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