Lula versus el juez Moro

Excelente crónica de Bruno Bimbi que demuestra el estado vergonzoso de la justicia en Brasil (*)

Todo Brasil pasó semanas esperando esto, como si fuera la final de la copa del mundo. Este miércoles, a las 14, estuvieron cara a cara Luiz Inácio Lula Da Silva y el juez Sérgio Moro. El encuentro fue en la “República” de Curitiba, como se refirió el expresidente a la ciudad donde el juez tiene su despacho, en el famoso diálogo telefónico con Dilma Rousseff que el magistrado grabó y envió a los medios antes delimpeachment. El juzgado estaba sitiado. Había más de mil policías, francotiradores en los techos, todos los canales de TV en la puerta y miles de manifestantes a favor de uno y otro disputando las calles de la normalmente tranquila capital del estado de Paraná.
Era el duelo del año y así lo retrataron las revistas Veja e Isto É en sus tapas, una representándolos como héroe y villano cara a cara, la otra colocándolos en un ring de boxeo. Como si fuera algo normal, todos parecían olvidar —principalmente, el propio Moro— que la función de un juez penal no es ser parte en una pelea por el título, sino su árbitro imparcial de la aplicación de la ley. Pero la idea ya estaba instalada en la cabeza de todos: no era un juez tomándole declaración a un acusado, sino dos adversarios midiendo fuerzas en un enfrentamiento personal. A matar o morir.
Semanas esperando y el día, finalmente llegó. Pero, sea analizándolo jurídicamente, sea en términos deportivos, fue decepcionante. Tanta expectativa hizo que uno creyera que el juez tendría pilas de documentos, pruebas irrefutables, preguntas que dejarían al expresidente sin palabras, una trampa mortal. Y nada.
—Señor expresidente, preciso advertirle que tal vez sean hechas preguntas difíciles para usted — comenzó Moro, rompiendo el hielo.
—No existe pregunta difícil para quien dice la verdad —respondió Lula.
Lo que vino a continuación fue más o menos (no es todo literal, sino una crónica) como sigue…
Moro tenia no más de 10 preguntas, pero quería interrogarlo por varias horas, entonces repitió las mismas preguntas decenas de veces. Y Lula respondió lo mismo cada vez, aclarando que ya lo había respondido antes: “¿El departamento es suyo?”. “No”. “¿Seguro?”. “Seguro”. “¿Entonces no es suyo?”. “No”. “¿Ni un poquito?”. “No”. “¿O sea que usted niega que sea suyo?”. “Lo niego”. “¿Y cuando lo compró?”. “Nunca”. “¿Y cuánto le costó?”. “Nada”. “¿Y desde cuándo lo tiene?”. “Desde nunca”. “¿O sea que no es suyo?”. “No”. “¿Está seguro?”. “Lo estoy”. “Y, dígame: ¿por qué eligió ese departamento y no otro?”. “No lo elegí”. “¿Lo eligió su mujer?”. “No”. “¿Quién lo eligió?”. “Nadie”. “¿Y entonces por qué lo compró?”. “No lo compré”. “Se lo regalaron…”. “No”. “¿Y cómo lo consiguió?”. “No es mío”. “¿Niega que sea suyo?”. “Ya se lo dije”. “Responda la pregunta”. “Ya la respondí”. “¿Lo niega?”. “Lo niego”. “O sea que no es suyo…”. “No”.
Encima, las 10 preguntas de Moro eran fundamentalmente sobre dichos de otros, información periodística y especulaciones, sin papeles. Cada vez que Lula le preguntaba si tenía algún documento, el juez cambiaba de tema.
Una de las pocas veces que Moro mostró un papel, era un supuesto contrato sin ninguna firma. “¿Y quién firmó este contrato?”, preguntó Lula. “Nadie, no tiene firma, está en blanco”, respondió el juez. “Entoces puede guardárselo”, dijo Lula. El juez quiso argumentar que, según la policía, la firma había sido borrada. “¿Y la policía descubrió quién la borró?”, preguntó Lula. “No”, reconoció su señoría. “Cuando lo descubran, por favor cuénteme, porque a mí me gustaría saber”.
Moro preguntaba siempre ignorando la respuesta anterior: “¿Usted aprobó las obras en su departamento?”. “El departamento no es mío y no sé de ninguna obra”. “¿Y qué le parecieron las obras en su departamento?”. “El departamento no es mío y no sé de ninguna obra”. “¿No le gustaron las obras en su departamento?”. “El departamento no es mío y no sé de ninguna obra”. “¿Usted no había visto el plano de las obras antes de autorizarlas?”. “¡El departamento no es mío y no sé de ninguna obra!”.
Era como si a Cristina Kirchner la acusaran de tener una casa en San Clemente del Tuyú y dos pares de chancletas.
En un momento, Lula se cansó: “Señor juez, ¿usted tiene alguna prueba de que el departamento sea mío, que yo haya vivido ahí, que haya pasado ahí alguna noche, que mi familia se haya mudado; o tiene algún contrato, una firma mía, un recibo, una transferencia bancaria, algo?”. “No, por eso le pregunto”. “Ya le respondí”.
Moro insistía en hacer preguntas sobre temas que no forman parte de la causa; sobre hechos ya juzgados, con sentencia firme de la Corte, en los que Lula no fue ni siquiera acusado; sobre cuestiones políticas, discursos, entrevistas y hasta sobre sus opiniones acerca de la vida. Cada vez, el abogado de Lula intervenía para aclarar que la pregunta era improcedente e inadmisible de acuerdo con la ley. Y discutían repetidas veces sobre eso.
Lula se reía y tomaba sorbos de agua mineral.
“Usted dijo que tenía relación con Fulano pero ahora dice que no es su amigo. ¿Puede explicar esa contradicción?”. “No hay contradicción. Relación y amistad son cosas diferentes, señor juez. Usted y yo, por ejemplo, tenemos una relación, por este proceso, pero no somos amigos”.
“Fulano dijo que Mengano le contó que Sicrano hizo tal cosa. ¿Qué me puede decir al respecto?”. “Nada: pregúnteles a Fulano, Mengano y Sicrano”. “Pero yo quiero saber su opinión”. “Lo podemos conversar en un café, señor juez. Acá yo no vine para opinar. ¿Tiene alguna pregunta concreta que me involucre?”. “Quiero saber su opinión sobre lo que Mengano le dijo a Fulano”. “No tengo opinión”. “¿Ninguna opinión?”. “No”.
“¿Y qué opina usted sobre la corrupción?”, preguntó el juez. Lula empezó a relatar todas las decisiones que su gobierno tomó para combatirla y hasta le recordó que fue el primer presidente que dejó que los fiscales eligieran al Procurador General. El juez insistía en cuestionarle su opinión personal sobre diferentes hechos de corrupción de otros. El abogado intervino: “Señor juez, solicito a usted que se limite a preguntar sobre esta causa”. Lula terció: “Hagamos una cosa, doctor Moro. Organicemos un debate en alguna universidad entre usted y yo para hablar sobre la corrupción, y ahí me pregunta lo que quiera. Pero acá no. Acá vine a ver de qué me acusa y responder sobre eso”.
No era un juez tomándole declaración a un acusado, sino dos adversarios midiendo fuerzas en un enfrentamiento personal. A matar o morir.
“¿Usted no sabía que Fulano era corrupto cuando lo nombró para un cargo?”, preguntó el juez. “No. Ni usted tampoco. Lo descubrió muchos años después, y yo después que usted, cuando fue denunciado”. “¿Él nunca le contó?”. “No, señor juez, los ladrones no le cuentan a uno que lo son. Cuando su hijo saca un aplazo en la escuela tampoco le cuenta”. “El mío me cuenta, Lula”. “Doctor, Fulano no es como su hijo”. “¿Usted no se siente responsable?”. “No”. Y el abogado de Lula: “Señor juez, los sentimientos de mi cliente sobre su responsabilidad por los actos de terceros no son objeto de esta investigación penal”. “Pero yo quiero saber”. Y Lula: “Ya le respondí, doctor”. “¿Y sobre Mengano no se siente responsable?”. “Yo no… Pero usted debería sentirse, señor juez. Usted lo dejó libre”.
“Salieron denuncias en la Folha de São Paulo que dicen que..”, empezó a decir el juez. “No, doctor. No me juzgue por noticias, traiga pruebas”, lo interrumpió Lula.
“Volvamos al departamento. Usted dijo que no compró el departamento, pero hay una foto que muestra que lo fue a visitar con su esposa”, trató de nuevo el juez. “Sí, fui, pero decidí no comprarlo”, insistió Lula. “¿Y para qué fue?”. “Doctor, usted ya debe haber ido con su esposa a una tienda de zapatos, ella se probó 30 o 40 y al final no compró ninguno. ¿Su esposa es dueña de algún zapato sólo porque se lo probó”. “No”. “Entonces… ¿dónde están las pruebas de que yo soy dueño del departamento”. Silencio.
Fue todo así, mechado con discursos políticos de Lula sobre su gobierno y explicaciones sobre cómo funciona el Estado, sobre la historia de Brasil y sobre el sistema político en las que Lula hacía gala de su oratoria y Moro se ponía muy nervioso, protestaba, lo interrumpía. “Usted me preguntó, ahora déjeme responder”. “Pero usted está haciendo un discurso político”. “Este juicio es político, señor juez. Estoy siendo juzgado por mi gobierno”. “No es así”. “Yo creo que sí”. “Responda la pregunta”. “Calma, doctor. Tenga paciencia y déjeme responder. Como le decía…”.
Lo que se vio es a un juez poco preparado, nervioso, sin pruebas, más preocupado por el noticiero de la noche que por los hechos, actuando como adversario político y no como juez, pero sin experiencia para hacer política, y con evidente desconocimiento o falta de voluntad de seguir la ley. Y, del otro lado, un zorro viejo, preparado, con una capacidad retórica admirable, que muchas veces no estaba diciendo la verdad (sí, claro que Lula mintió varias veces, como todo acusado tiene derecho a hacer), pero sabía que no necesitaba decir la verdad, porque el juez estaba flojo de papeles.
Por otro lado, la pequeñez de la principal acusación, tantas veces repetida, lo favorecía. ¿Un “jefe máximo de la corrupción del país”, como lo llamó el fiscal usando un power-point que hizo reír a todo el país, acusado de tener un simple departamento en una ciudad que medio Brasil nunca había oído nombrar?
Era como si a Cristina Kirchner la acusaran de tener una casa en San Clemente del Tuyú y dos pares de chancletas.
Durante toda la audiencia, Lula le hablaba a los espectadores, no al juez, en plena campaña electoral, y aprovechaba la mediocridad y los nervios del juez y su capacidad de oratoria para sacar rédito político: a su juego lo llamaron. Por eso los abogados de Lula insistieron tanto en que querían filmar y poder divulgar el vídeo completo del interrogatorio en las redes sociales. Lo vio todo el mundo.
Gran error de cálculo de sus enemigos. Es probable que para lo único que haya servido todo esto es para hacerlo subir más en las encuestas.

* Publicada el 11/05/2017 en el sitio Todo Noticias

Share on Google+0Tweet about this on TwitterShare on Facebook0Email this to someone

Artículos Relacionados

Leave a Reply