Los del círculo rojo

Por Martín Zariello

Lo mejor del kirchnerismo es Filmoteca. No sé quién ve Filmoteca todos los días porque es prácticamente imposible. De hecho ahora me doy cuenta de que suelo enganchar Filmoteca cada dos años, viviendo en distintas casas, con otro corte de pelo, incluso con una nueva y flamante subjetividad. Filmoteca debería ser considerado un ministro histórico del kirchnerismo, algo así como Tomada o De Vido, pero sin mandarse ninguna cagada. Es verdad, tal vez ese ciclo sobre películas de montaña alemanas de los 20 y los 30 fue algo hermético, aunque…

Uno de esos años en los que enganché Filmoteca vi una película que me abrió el cerebro y me lo cortó en pedacitos. Es una película de animación de los años 70 dirigida por René Laloux, alguien que debe ser muy conocido en el ambiente de los que conocen franceses: no es mi caso. Se llama El planeta salvaje. En YouTube caí en otra de sus películas. Esta se llama Gandahar, es de fines de los 80 y, aunque no alcanza el estatus de obra maestra de El planeta salvaje, cultiva la misma combinación estética: banda sonora perfecta e imaginación narrativa y visual desbordante. Es una película que les debe haber gustado a Mario Levrero, Elvio Gandolfo y Pablo Capanna. Bueno, a todos los que escribían en El Péndulo. En fin. Se trata de una de esas típicas aventuras de ciencia ficción en las que unos malos llegan para romperle todo su mundo a los buenos (que no son tan buenos pero son más buenos que los malos). Los malos tienen un traje negro y un gran círculo rojo en el pecho. Un círculo rojo. Cuando la lírica de la política comienza a invadir tus películas de ciencia ficción es que estás en problemas.

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Yo siempre supe que River se iba a la B. Pero alrededor había personas que, de alguna u otra forma, pensaban que iba a zafar. Sabía que los de Boca y otros equipos afines lo decían para mufarnos. Pero no podía aceptar que hubiese hinchas de River que no se dieran cuenta lo que estaba a punto de pasar. Ahora que Arroyo ya ganó y Macri, aparentemente, está por ganar, entiendo que yo fui un boludo, como esos hinchas de River que no se daban cuenta que nos íbamos en coche al muere. Simplemente nunca se me pasó por la cabeza que Arroyo podía terminar siendo Intendente de Mar del Plata y que Macri podía terminar siendo Presidente de la Argentina. Esto prueba, además de mi estupidez, la negación que podemos llegar a tener sobre ciertos temas. Aun cuando tu hobby sea bardear kirchneristas que no salen del microclima.

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Las discusiones invadieron el país desde hace muchos años. En videos de YouTube con canciones de Babasónicos estoy seguro que también se discutió sobre los alcances de la ley de medios. La discusión tuvo su encanto, no lo vamos a negar. Regodearse y exponer esa diferencia de criterios con un Otro irreconciliable, además de servir para el pensamiento estratégico nacional, siempre tuvo su lado oscuro y erótico. Era casi como dos pensamientos frotándose, cual genitales… con ropa. Pero todo ese quilombo de discursos en pugna (que a veces sólo eran chicanas o botoneadas) terminó por saturar. Si este es el fin del kirchnerismo el nuevo frenesí por la discusión “política” que se vive en estos días le otorgaría la circularidad perfecta a toda una época.

Por cuestiones históricas, el kirchnerismo debe haber sido la corriente política más interpretada en tiempo real de la Argentina. Horas y horas escribiendo y leyendo sobre un mismo hecho, desde no dos, no tres, sino decenas de distintos puntos de vista. Decenas de puntos de vista hasta que uno conformaba su propia visión de los hechos, por supuesto, compuesta de todos los puntos de vista de los demás, pero sin aclararlo del todo, como si en ese magma de opiniones justo a nosotros se nos hubiese ocurrido una puta idea original. Lo que decía Carrasco restándole lo que escuché en TN más la intervención 1223.a de Nora Veiras en 678 menos lo que me dijo mi tío en año nuevo del 2012. Eso es lo que pienso del kirchnerismo.

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Lo genial o no tanto es que aún con esa hermenéutica obsesiva de los dos bandos (que a la vez representan doscientos millones de bandos), el kirchnerismo nunca se pudo explicar tan bien. Mejor dicho: nunca se pudo explicar con el nivel de neurosis que exige esta era. Lo único claro es que no es lo que dice Víctor Hugo y no es lo que dice Lanata. De hecho el kirchnerismo tiene algo del peronismo (que critica con reservas), algo del progresismo (que odia), algo del menemismo (que barre bajo la alfombra), algo del duhaldismo (que simplemente no menciona). Mientras tanto nos toca a nosotros decidir de qué vamos a hablar cuando hablemos de kirchnerismo.

¿Y cómo saber si uno fue un kirchnerista? En espacios donde Cristina era “la conchuda” y De Angeli era un ídolo para algunos yo fui ultra K; porque Paka Paka me importó un bledo y Canal 7 me empezó a parecer un toque orwelliano para otros fui un anti K. Además de la forma en que variaba mi perspectiva con respecto a las personas que tenía al lado, también variaban mis ideas con respecto al gobierno: me gustaba el Plan Procrear pero Boudou siempre me pareció terrorífico. Para el anti K con sólo defender una medida del gobierno sos kirchnerista. Para el K ortodoxo con estar en desacuerdo con una solo una medida del gobierno sos anti kirchnerista. En fin, no hay que proyectar los parámetros de tu vida con los de los demás todo el tiempo.

Continúa acá:

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