Largaron!

Comenzó la campaña, María Eugenia Vidal ya arrancó con entrevistas “exclusivas” en TN y Canal 9, la gira seguirá sin pausa. El rostro de la campaña cambiemita será el suyo y lo harán sin disimulo, confiando en su buena imagen y en esa tan sobreactuada gestualidad que ya empalaga. Siempre que se exageran los buenos modales se deja en evidencia que cuando la cámara se apaga reaparece la mujer dura y calculadora, y esto vale no sólo para la gobernadora…

La campaña tiene un componente de intriga muy atractivo cual será comprobar qué capacidad de daño puede tener el fuego graneado del dispositivo mediático contra Cristina Fernández de Kirchner. Las señales -que desesperan a los equipos de Cambiemos- son que el núcleo duro del voto a Cristina resiste cualquier tipo de embestida, pero lo más grave es que el recrudecimiento de la crisis impacta cada vez más duramente en Cambiemos con el agravante de que son pocas las herramientas contra el run run del “estábamos mejor” salvo el goce de una posición económica que garantice tranquilidad mientras alrededor todo se derrumba. Todo indica que el macrismo va por el votante de Sergio Massa que si algo tiene en claro es que no desea en lo más mínimo el regreso de Cristina. Randazzo, por su parte, emprende una campaña de largo plazo enfocada en octubre pero con un despliegue estratégico que apunta a 2019.

El gran secreto que develarán las elecciones de octubre es cuánto penetró en la conciencia y en las condiciones de vida de la popular el período kirchnerista y cuánto puede resistir al bombardeo mediático sostenido. Como el cuarto oscuro sigue siendo uno de los pocos momentos de privacidad que nos quedan , el elector puede dar rienda suelta a sus pulsiones y por eso no sería de extrañar que personas comprometidas de palabra con la propuesta macrista puedan sentirse tentadas a votar por un pasado donde, más allá de tanta operación, no les iba tan mal como ahora. Uno tiende a suponer que contra el recuerdo de un pasado donde las cosas sencillas andaban mejor no hay campaña de miedo que valga y daría la impresión que esa es la desesperación del momento en Cambiemos y el establishment en su conjunto. Pensaron que la victoria de 2015 marcaba un cambio de época y se creyeron gerentes a cargo de esa transformación, pero no repararon en que el incumplimiento puntual de cada propuesta tendría un costo mucho más alto que el calculado. Es que por primera vez, desde Perón, el pueblo comprobaba en el bolsillo que la vida le mejoraba. Así las cosas, el macrismo llega a estas elecciones a medio camino, abotonado entre la enunciación de reformas regresivas y el mantenimiento de mala gana de mucho de lo dejado por el peronismo en 2015. Por cierto que no es esa la mejor forma de enfocar una elección de medio término.

De todos modos, la gran duda está en ese tercio que no se identifica ni con Cambiemos ni con Cristina y es ahí donde se empieza a observar que el gran desafío para Sergio Massa consiste sencillamente en no perderlo todo a manos del macrismo (al fin y al cabo éste ha sido el núcleo estratégico de la planificación de Durán Barba). Podría pensarse, no obstante, que de todos modos las cartas están echadas para la UC, que se expone a repetir la experiencia menemista de 2003, con un techo imposible de perforar, algo en lo que ha trabajado finamente la estrategia del analista ecuatoriano. Las PASO pueden jugar a favor de Cambiemos ya que una victoria ajustada de la UC en las Primarias no haría otra cosa que acrecentar la transferencia de votos del massismo a Cambiemos en octubre, algo que de concretarse dejaría expuesto el error estratégico de Cristina Fernández al presentarse en estas elecciones y dilapidar todo lo que pudo haber acumulado en vistas a un regreso en 2019, que de hecho quedaría truco si sale derrotada este año.

Para sintetizar: Mientras el macrismo tiene a favor un aparato de comunicación fabuloso, y cuenta con el relato de un futuro que, no obstante, pareciera nunca llegar, Cristina cuenta nada menos que con la memoria de anchas franjas de la sociedad que reconocen día a día que están peor pero, a pesar de todo, el techo bajo aplasta las esperanzas.

Por ahí discurrirán los días y las noches de una sociedad que recién se pondrá a pensar en las elecciones cuando falten pocos días para ir a las urnas y mientras tanto irá respondiendo con más sorna que otra cosa los llamados de las encuestadores.

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  1. La gran pegada comunicacional la logró Cristina (al fin), encontrándole la vuelta al famoso dilema de “la forma por sobre el discurso”, o directamente la forma es el discurso. Ya no hace falta explicar ni re-transmitir/decodificar lo que dijo o como lo dijo, ahora se resume en “Cristina sube al pueblo al escenario”. Está todo dicho en una acción e imagen. Claro que no cualquiera puede hacer uso de ese recurso. La exposición sobre el escenario de esta terrible realidad no se puede hacer desde el oficialismo ni desde la neutralidad. Ese lugar clave todavía lo ocupa ella, y nadie en año y medio se ha atrevido aún a tomar seriamente ese espacio de protesta.

    Pero lamentablemente en este país también juega un papel decisivo el hecho de que “la realidad se puede tapar o se puede hacer tapa”.

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