La quimera 2.0 del PRO

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Miles Davis levantó las cejas cuando Ron Carter le respondió “Buscate otro bajista, yo sólo toco Bajo acústico”. El genio venía formateando la etapa eléctrica de su música y para ello necesitaba incorporar teclados, piano y bajo eléctricos. Y así fue. En las futuras formaciones del genial trompetista no figuraría Ron Carter, que hasta el día de la fecha sigue fiel al contrabajo.

¿Usted se imagina a Martha Argerich tocando en un piano eléctrico? En la música clásica tanto como en el jazz, se siguen utilizando los pianos de gran cola y hasta se da el fenómeno de pianistas como Chick Corea o Herbie Hancock, que si andan “eléctricos” le dan a modernos pianos y teclados que se enchufan, pero cuando van a tocar o grabar clásicos de los cincuenta y sesentas, recurren a los viejos pianos de cola. Es que no todos los avances de la tecnología son adaptables a los usos cotidianos. El bajo y el piano eléctricos aportaron muchísimo a la instrumentación, pero no lograron reemplazar a sus pares acústicos, he aquí un pequeño detalle: lo nuevo abre fronteras pero no siempre reemplaza a lo preexistente. Hay momentos y actividades que sólo se pueden seguir haciendo a la antigua, por decirlo de manera barrial. A ver: hay un momento para el software pero también un tiempo para el hardware. De vez en cuando hay que apagar la máquina y recurrir a viejos destornilladores para reemplazar, por ejemplo, una placa de sonido. El soft tiene un límite que empieza cuando hay que meter las manos en los fierros.

El desconocimiento de este dato conceptual, desde ya no tan complejo, es el que ha arrastrado al ministerio de educación de la ciudad de Buenos Aires a un berenjenal que era a todas luces visible. Es que el macrismo arrastra un frenesí fundacional que lo lleva inexorablemente al oprobio. Ellos están convencidos que todo lo preexistente está mal y que debe ser modificado. Lo hicieron con la quita de subsidios al inicio de su gestión en 2008. Lo hicieron cuando desconociendo la realidad instalaron un call center que centralizaba todos los pedidos de asistencia de los establecimientos educativos de la ciudad ¿Qué pasó? Que a las 9 de la mañana del primer día de clases el call center colapsó por la cantidad de llamados que recibió solicitando ayuda e informando de roturas. Durante ese año, las escuelas quedaron a la deriva, sin recibir los subsidios que les correspondían por ley. Sólo aquellas con cooperadoras que tenían algunos recursos propios pudieron afrontar algunas reparaciones menores, el resto quedó sumido en la miseria. Acá y también acá escribimos en su momento al respecto.

Ahora resulta que se les ocurrió la inscripción online y uno se pregunta para qué y rápidamente deduce que el objetivo es llenar casilleros de manera centralizada para que ello les permita cerrar grados y ahorrarse unos pesos. Es fácil: si una escuela va a tener un primer grado con 12 pibes y el otro con 10, los juntan y de los dos hacen uno. A ver: no está mal el criterio de economizar, la pregunta es cómo y a qué costo. Si el macrismo quiere economizar recursos debería explicitarlo. Al fin y al cabo es una discusión interesante donde hay diversas formas de pararse política e ideológicamente para ver en definitiva qué queremos hacer con la Escuela Pública, que es el debate de fondo. Pero eso está obturado por la tentación 2.0 de Esteban Bullrich que pretende suplantar -y de manera autoritaria- desde lo digital el sentido común de la familia que quiere llevar a sus hijos a la escuela más cercana a su domicilio o al trabajo de uno de los padres. El mundo 2.0 no entiende que por ahí hay papás que quieren que sus hijos asistan a la escuela a la que fueron ellos. Internet no percibe que Los padres somos analógicos en muchas cosas, queremos conocer la escuela donde nuestro hijos entrarán a las 8 y 20 y permanecerán ahí hasta las 16.20; queremos conocer a la directora, queremos ver cómo es la maestra de primerito, cómo es el patio, en suma, una multiplicidad de intrigas analógicas que sólo se responden con la mirada y el trato personal.

La escuela sigue siendo muy analógica, tanto como el amor y la envidia. Pero a veces, comprender estas cuestiones sencillas a algunos les cuesta horrores.

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  1. “La educación sigue siendo analógica, tanto como el amor o la envidia” Analógicamente, lo admiro don Gerardo. Admiro sus parábolas musicales. Quedó clarísimo.

  2. ¿Los padres quieren que sus hijos vayan a la misma escuela? ahá… ¿se les ofrece algo más?
    Hay un límite para todo, está bien criticar a Macri, que se lo tiene merecido, pero semejante pobreza argumentativa le juega a favor ¿no se dan cuenta?

    Hoy por hoy hacer trámites por internet es muchas veces la única forma de hacer un trámite, y me refiero a organismos públicos como puede ser AFIP (cuyo sitio muchas veces está caído), así que no jodan, lo cierto es que el 99% de los padres que se anotan en las “escuelas públicas” enviarían con gusto a sus hijos a escuelas bilingües de primer nivel… en lugar de discutir a Macri discutan la pruebas PISA, ahí muere la mentira K.

    1. Me permito, más que disentir, precisar tu argumentación: no creo que la cuestión pasa por la antagonía analógico/digital. Después de todo, la enorme mayoría de los problemas que el software resuelve son analógicos, porque la naturaleza lo es.

      Un instrumento de medición ananlógico siempre medirá con más precisión que uno digital. Pero nuestra vista no puede distinguir claramente 36.4º de 36.45º. Ahí viene en auxilio la informática, en un sentido amplio.
      La contabilidad puede llevarse con métodos analógicos. Claro que en una gran empresa, hoy, sería un infierno.

      La cuestión, creo, pasa por la misma pregunta que debe formularse ante el cacareo sobre el voto electrónico: ¿qué problema viene a resolver?. Porque a medida que se complejiza cualquier sistema, aumentan las probabilidades de fallos catastróficos. Que, para colmo, nadie puede arreglar en cinco minutos (cualquier secretaria puede enmendar un DNI mal escrito, una planilla mal completada en el papel, pero ni siquiera quien escribió el software puede encontrar el fallo y remediarlo en menos de un minuto).

      Es decir: si no hay un problema, no lo resuelvas.

      Y esa sí es una característica del PRO: cuando tienen un problema de verdad, culpan a otro. Cuando no tienen ningún problema, se esfuerzan tozudamente en resolverlo, creándose un quilombo donde antes nadie había fijado la vista.

      En términos académicos, la definición de estos tipos es “jodidos inútiles”.

    2. Elegir la escuela de un hijo no es solo un tramite, Yo tengo derecho a querer que mi hijo vaya a la misma escuela que fui yo, cual es la logica de Macri, Bullrich o Alcides Acevedo para impedirmelo.-

  3. A las argumentaciones expuestas por GF me permito aportar que en todo caso una inscripción electrónica debería ser complementaria, nunca excluyente y su “algoritmo de respuesta” considerar restricciones de diverso tipo que pudieran imponer los padres/tutores, por caso: hermanos, primos, niños que viven bajo un mismo techo, escuela más próxima al lugar de residencia, laboral o de tutela. Siempre respetando que la educación en la Ciudad es asumida por su Constitución como UNIVERSAL, prescribiendo que a partir de los 45 días de vida, la Ciudad debe garantizar su acceso (artículo 24 de la Constitución de la Ciudad).
    Ahora bien, llama la atención que los institutos de educación privados, basen su publicidad en atributos de “gestión personalizada”, y ese “trato” que hasta ahora dispensaba la Escuela Pública, quiera ser reemplazado por una INSCRIPCION ON LINE…

  4. Muy buen post.
    El humano es analogico. Por eso nuestros problemas son muy parecidos a los que tenian nuestros ancestros en sumeria.
    El PRO se enamora de las herramientas. Es una enfermedad conocida, aun entre los K. Hay que combatirla y este post va en esa direccion. Ya existia el dialogo entre enamorados antes que aparecieran los smilleys para celulares. Ya existia la lectura antes del Kindle. Existian los levantes antes de los sitios de citas. En fin, las herramientas pueden ayudar o no, pero no son un objetivo en si mismas.

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