La orgía de la carroña

Hasta las 7.06 de esta mañana volvían en masa del orsay, abochornados. Estamos tan tomados por el tema de “la inseguridad” que el primer acto reflejo fue imaginar a un loco suelto, un psicópata que agarró de los pelos a Angeles en un descampado, la violó y la tiró en un container. Para los medios y periodistas opositores era la gran oportunidad de tirarle un nuevo cadáver al gobierno. Para legisladores que siempre se anotan en la primera fila, se trataba de correr en busca del registro de violadores… ¿Tiene que haber otra violación para que se reflote en los diputados la necesidad del registro de violadores, si es que eso ayuda?

¿No se puede superar ese reflejo pedorro de ir a redactar proyectos ante cada caso que conmociona a la sociedad? O dicho de modo ¿Hay que esperar que sucedan actos abominables para legislar?

Hoy Clarín tituló “Imprevisto giro en la investigación por el crimen de Angeles”

“Giro de la investigación” significa “La realidad nos volvió a triturar todos los titulares y todos los zócalos”

¿Giro en torno a qué? La fiscal nunca cambió la carátula, pero ayer vimos durante toda la mañana a los móviles de la TV en Colegiales entrevistando a vecinos sobre la inseguridad y diarios importantes descontaban que la piba había sido violada.

Hasta que los informes descartaron la violación y se supo que las cámaras vieron a la adolescente en la cuadra de su casa, como volviendo a su hogar. No se sabe mucho más, pero sí que todo lo que se especuló estuvo sólo fundado en el prejuzgamiento y en la necesidad de tirarle con lo venga al gobierno nacional.

En este blog hemos escrito mucho sobre cómo los lineamientos editoriales de los medios opositores se vienen llevando puesto al periodismo. El tratamiento del crimen de esta pobre piba es tan solo una prueba más.

Pero a partir de las 7:07, cuando se produjo el choque de trenes en Castelar, todos los que volvían abochornados del orsay tuvieron una noticia caída del cielo, inesperada: otro siniestro o accidente (eso está por verse) en el Sarmiento. La mañana fue invadida por todo tipo de especies carroñeras que como no podía ser de otra manera impusieron su ritmo oportunista, menor, vomitivo. Todavía no están claras las causas del accidente y se aconseja esperar para emitir conclusiones. El sentido común, no obstante, lleva a pensar que es raro que una formación salida hace muy poco de los talleres, que fue refaccionada, que se le pusieron frenos nuevos y que de Once hasta Morón circuló sin el más mínimo inconveniente se haya quedado sin frenos en un santiamén. El sentido común también indica que con las imágenes aún presentes del 22/F a alguien se le pueda ocurrir poner en funcionamiento una formación que no está en condiciones.

Es raro…

Nada de esto reduce, empero, el costo político que el gobierno pagará. Gestionar tiene estas reglas y si en un área sensible como el transporte ferroviario se cometieron errores durante años, todo lo que se ha venido haciendo desde que Randazzo tomó el fierro caliente siempre será poco ya que décadas de abandono no se revierten en un año y pico.

Es simple y doloroso.

Cada descarrilamiento, cada incidente es responsabilidad de los gobiernos que desde 1960 en adelante operaron para destruir nuestro sistema ferroviario pero la cuenta se le cobra al gobierno de turno.

¿Se podría haber hecho más desde 2003? Sin dudas que sí, pero me parece que hay que mirar la situación desde otro lado: los gobiernos también cometen errores, también se equivocan. En materia ferroviaria nuestro gobierno no ha estado a la altura que estuvo en otras áreas y lo está reconociendo en los hechos, con las obras que emprendió y en las inversiones realizadas para reequipar todas las líneas del transporte interurbano con material rodante que en su mayoría empezará a llegar al país el año entrante. Pero ello queda arrumbado en un rincón porque en días como el de hoy la orgía de la carroña todo lo puede.

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