La “massificación” de América TV

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Ninguna empresa periodística está obligada a darle empleo a una figura que piense distinto de su línea editorial. Puede sí suceder que durante un período establezca acuerdos con alguna personalidad que aunque tenga divergencias le reporte rating, prestigio o buena recaudación publicitaria, hasta que se modifiquen las condiciones y nuevos acuerdos políticos impongan la necesidad de cambios en la pantalla. Puede sonar horrible, pero es así: bienvenidos a la realidad.

Dicho esto, establezcamos ya mismo como concepto que en lo referido a los cambios en América TV y A24 subyace una creencia muy instalada según la cual los periodistas pueden alegremente opinar distinto a la empresa propietaria del medio en el que trabajan: un verdadero infantilismo en la caracterización de los medios pues desconoce sus evidentes compromisos e intereses políticos, económicos e ideológicos. Esta gran confusión es hija directa de nociones como “Libertad de prensa”, “Periodismo independiente” u “objetividad periodística”, que las grandes empresas propietarias de medios instalaron como verdades indiscutibles a través de los años y han calado muy hondo en la mirada que muchas personas tienen de los medios, el periodismo y la libertad de expresión.

Desde este blog hemos caracterizado a los grandes medios como empresas que condicionan lo periodístico a sus propios intereses políticos, comerciales e ideológicos y marcamos casi cotidianamente en capturas de pantalla y videos cómo los lineamientos editoriales atropellan cada vez con más violencia a la información.

Hemos afirmado en infinidad de post que el periodista que trabaja en relación de dependencia en estos tiempos sabe que si su visión de las cosas contradice a la de la patronal debe morigerarla, soportar que los editores desnaturalicen sus notas o asumir que tarde o temprano le llegará el telegrama. Cuando el periodista es parte de “la cara” del medio televisivo y conduce espacios en vivo, las cosas se complicarán mucho más: o acepta ser editado (que le “recomienden” sobre qué ejes manejar una nota), que lo dejen afuera o finalmente arreglar su desvinculación, que es al fin y al cabo lo que ha sucedido en América, donde la empresa decidió “massificarse” y dar un brusco golpe de timón que quizá en lo estratégico se transforme en una herida autoinfligida que le puede costar muy caro en términos de lo que se conoce como “contrato de lectura” con la audiencia. Todo lo que vino acumulando A24 como espacio de debate donde se escuchaban voces política variopintas lo han tirado a la basura para uniformar la señal en torno a Sergio Massa.

El tiempo dirá cuánto ganaron y cuánto perdieron.

El alejamiento de Gustavo Sylvestre es tan solo una prueba más de cómo proceden por abajo grandes medios de comunicación que se venden como custodios de la “libertad de expresión y el respeto de las ideas del otro”. Siempre han echado a periodistas que divergían con sus intereses políticos, con la diferencia que este accionar antes no trascendía por una complicidad de tipo corporativo, un código no escrito según el cual ninguna empresa se metía en los asuntos laborales de la otra (pasa en estos días con los despidos en Perfil que ni Clarín o La Nacion le dedican una sola línea) Las cosas han cambiado y la sola existencia de medios no controlados por un mismo puñado de empresas posibilita que se sepa cómo procede en la vida real un grupo como en este caso Vila-Manzano.

En mi humilde modo de ver estos asuntos me inclino por pensar que las empresas de medios tienen derecho a tomar el personal que consideren más adecuado para sus fines editoriales y también a desprenderse de los que no los satisfagan, lo que sí no pueden hacer es emitir al mismo tiempo un falso discurso sobre “libertad de prensa” y otras consignas por el estilo que día a día se postulan como grandes inventos. Creo también que desde el kirchnerismo no debemos alimentar una mirada inocentona sobre estos temas, mucho menos transformar a un colega respetable Gustavo Sylvestre en una víctima desprevenida cuando somos pocos, nos conocemos mucho y hasta 2010 lo reputeábamos por ser una de las caras visibles de TN que defendía a pie juntillas los intereses del multimedios en contra del gobierno que ahora defiende. Todos tenemos derecho a cambiar de posición y va de suyo que el cambio del Gato nos gusta, pero como dijo un coronel hace unas décadas, todo en su medida y armoniosamente.

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  1. El problema es que estamos en presencia de una corriente o moda en la que periodistas, blogueros, informadores cambian de camiseta y borran con el codo hoy, lo que escribieron ayer con la mano, como si tal cosa. Inclusive eso que ayer parecía impregnado de convicción y firmeza.
    Algunos suelen adjudicarlo a una cuestión de “principios”, como si se hubieran despertado de una rara (y bastante larga) siesta. Lo cual es falso a toda vista.
    Los principios son otra cosa y responden a un colectivo que se siente o no.
    Todo entonces se enmarca en función de figuras y eso es tramposo.
    Se apunta a la cabeza de algún dirigente pero la pretensión clara es destruir el colectivo.

    Trazando un paralelo con el fútbol, uno no cambia de camiseta (digamos que en un 99 % de los casos), porque uno siente desde que tiene uso de razón el amor por su divisa.
    Uno no cambia de divisa porque su club lo presidió un impresentable (que suave que soy) como Ducatenzeiler (en mi caso).
    Y si en política no se puede responder necesariamente a un partido se sabe (hoy es muy claro) que la respuesta es a esa divisa que agrupa las mejores aspiraciones que podemos tener en el marco de lo POSIBLE.
    Y claro, los que se cambian de camiseta con tanta facilidad pretenden meter la llaga en que lo posible no se basa en principios. Y ahí es donde ya nos reñimos con la REAL REALIDAD.
    Para fantasear me duermo con que el Bocha va a ponerse los cortos de vuela y va a salir a gastarla en las canchas para salvarnos.
    Pero la realidad es que uno juega con lo que tiene y busca potenciar lo que tiene.

    Tenemos comunicadores fieles y otros pasajeros. Tenemos comunicadores (muy pocos) fieles a su neutralidad.
    Tenemos comunicadores que van a ponerse cualquier camiseta, como ha de ser hoy la de América TV y A24 y como a todos, la historia irremediablemente sabrá juzgarlos y ubicarlos en su justo lugar.

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