La estupidez planificada

Cuando empezó a circular la noticia de la designación la arquitecta María Belén Cardasz como Directora Nacional de Movilidad en Bicicleta no le di mayor importancia. Viendo cómo en las redes se instalaba una suerte de competencia sorda por ver quién creaba la chicana más original tuve hasta la intención de publicar algo con la idea de “Che, déjense de perder el tiempo paveando con esta huevada” pero después de varias horas y de escuchar opiniones en los medios hubo una que me hizo reflexionar sobre la esencia de este problema, que es más profundo que lo que aparenta. Digo desde ya que soy un fanático de la bicicleta no sólo por lo que ayuda a la salud sino porque esta ciudad tiene lugares hermosos para recorrer, las bicisendas me siguen pareciendo un recurso de suma importancia para posibilitar el traslado. Pero con la misma seguridad me pregunto cuál podrá ser el rol de una Dirección Nacional de Movilidad en Bicicleta ¿Acaso la planificación de una especie de Bicisenda Panamericana?

Una de las peores consecuencias del macrismo es la planificación de la estupidez como forma de elevar su rango a una fase superior pero más grave aún pareciera ser la tolerancia social a esta forma de entender lo público. Si hasta pareciera que desde alguna oficina se planifican estas acciones para tapar con ellas los verdaderos negocios y acuerdos por miles de millones de dólares con una influencia letal sobre el sentido común de la sociedad como la fusión de Clarín con Telecom, sin ir más lejos.

Día a día me convenzo que este accionar no es producto de un proceder taimado sino todo lo contrario. La estupidez, los productos comerciales vacíos y la industria del pasatismo constituyen una de las actividades más y mejor pensadas en las sociedades actuales. Nada hay más inteligente que hacerle creer al otro que uno es un gil y el macrismo puede dar cátedra al respecto ya que utilizando estos ardides se fue instalando sobriamente en la ciudad de Buenos Aires y ahora amenaza con ratificarse en las próximas elecciones.

Soy un convencido, también, que mientras muchos opositores estamos encarcelados dentro de nuestro algoritmo, el macrismo gestiona casi sin oponentes su relación e influencia con la mayoría de los argentinos y, la verdad, genera desazón pensar en lo costoso que nos va a resultar revertir este estado de cosas donde es habitual que un tercio de los argentinos nos despedacemos a diario sobre cómo articular un proyecto político que vuelva a ser potente y victorioso mientras que en los dos restantes campea con fuerza demoledora el macrismo y toda la industria de lo pasatista que, a la postre, es su aliada táctica y estratégica.

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  1. Es el primer post en bastante tiempo en el que estoy de acuerdo. Lo único que me preocupa, y que sería interesante debatir, es si lo más razonable para revertir este “estado de cosas” es presentar una alternativa “light”, es decir licuada ideologicamente. Yo creo que es todo lo contrario. No se puede combatir la estupidez con más estupidez.

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