Instrucciones para evitar el “massazo” o al menos esquivarlo

Exhibimos estadísticas que muestran cuánto hemos mejorado en muchísimas áreas y lo hacemos para que los parientes, los amigos y los compañeros de trabajo no se coman el “mazazo” que la derecha les quiere propinar. Nos cuesta asumir que pese a todo lo bueno que el kirchnerismo le dio al país, pareciera que ahora muchos le estarían diciendo “hasta la vista, baby”…

El problema no es de estadísticas, es de percepción y clima.

El dilema es que, parafraseando al tango Filosofía barata, “el voto es como la guita, parece que no se acaba, y en una vuelta de taba te encontrás que ya no hay mas”

La gente te vota y al año siguiente te putea. Es así la política. no le des más vueltas. Quizá sea más productivo ponerte a pensar porqué pasa eso, evaluar en qué metiste la gamba y analizar la paradoja de que muy probablemente algunos de tus aciertos generaron el malestar de muchos que te retiraron el voto.

Entre las causas que nos llevaron a esta situación, la de más peso fue la clausura de la vida política interna. Creímos que todo lo tenía que comunicar Cristina, que todo lo tenía que hacer Cristina, que todo lo debía decidir Cristina, que hasta las listas la tenía que digitar Cristina. Creímos que el voto popular había tenido ese sentido, pero nos equivocamos. En este blog hemos escrito a los pocos días del triunfo de 2011 que mucha gente votó a Cristina pero “con grandes críticas al gobierno”. Es ese voto que prioriza la normalidad por sobre todas las cosas y dice “más vale malo conocido que bueno por conocer”, tipos que te votan porque les garantizás un orden pero no te quieren nada. Gente responsable, que ante la falta de seriedad de las propuestas opositoras prefirió seguir con lo que había. Hasta que desde las entrañas de eso que te asegura el orden apareció una variante que se muestra más dúctil que los opositores del pan radicalismo para hacer creer que sabe garantizar gobierno pero que fundamentalmente sintonizó en el momento justo el hastío de mucha gente que está cansada de vivir en la tensión cotidiana de un confrontacionismo permanente que no distingue lo importante de lo accesorio.

Y no es que todos los que votaron a Massa le crean ese discurso pedorro de “la ancha avenida del centro”. Es que entramos en una fase de transición donde se está buscando otra cosa que incluso no está del todo definida. Lo que sí está claro -como en toda fase de transición- es lo que no se quiere y creo que lo que no se quiere es ir de prepo. Me explico: No creo que la sociedad desprecie el rol de un estado activo que controle, que ponga marcos y límites, pero muy probablemente esté pidiendo que no se regule a los empujones, como dijo días pasados Horacio Verbitsky; no creo que la sociedad desprecie de plano la puja por la desdolarización del cerebelo argento, lo que seguramente reclama es otra metodología para intervenir en ese frente extremadamente sensible.

También pasa que hay procesos cuya duración excede largamente a una década y es factible que algunas medidas del gobierno que hoy se ven impopulares, con el tiempo se las revalorice, pero lo que realmente define la coyuntura es que Cristina no tiene reelección y no se vislumbra un delfín que tenga potencia electoral y continuidad no sólo de los principales ejes sino fundamentalmente de su estilo.

En 2009, además de que estaba Néstor, con todo lo que ello significa, había variantes para garantizar continuidad, al punto que se discutía cuál de los dos jugaría en 2011. Nada de eso existe hoy, por eso la sociedad, en silencio y sin hacer mucho espamento entró en zona de reflexión porque le interesa saber qué será de su futuro y mucho me temo que esta cavilación está muy por encima de la pelea cotidiana, de las tapas de Clarín y el combate contra esa suerte de pasta base de la información que son los zócalos de la TV.

La sociedad está pensando porque percibe que hay un cambio de época básicamente determinado por el fin del mandato de una figura muy fuerte como sin dudas es Cristina Fenández de Kirchner pero también porque son excepcionales los procesos políticos con una duración de más de una década. Cuando la presidenta termine su mandato habrán transcurrido 12 años ininterrumpidos de un mismo gobierno.

La sabiduría consistiría en entender la peculiaridad de la etapa y desplegar una acción política inteligente, algo sin dudas mucho más profundo que andar repetiéndole al cuñado que nunca le fue tan bien como en los últimos años.

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