Hoy cumple 100 años el Cuchi leguizamón

Hoy es el cumpleaños del Cuchi Leguizamón aunque pocos lo recuerden
(Texto escrito el 28 de setiembre de 2015)


Este es el primer álbum que se editó del Cuchi en 1969. Editó sólo 5 discos en toda su vida…

Hoy se cumple un nuevo aniversario del nacimiento del Cuchi Leguizamón y la efemérides pasará inadvertida, como tantas. Y es así nomás, si la radio olvidó la música hace rato, y si cuando se pasa algo, generalmente es pop/rock livianito del momento ¿Quién se va a aocordar del Cuchi, de Waldo de los Ríos, de Yupanqui o del Chivo Valladares? ¿A quién le importa? En realidad, le importa a mucha gente, pero esa muchedumbre no tiene representación en los medios. He aquí el secreto de tanta desmemoria: Si los medios de comunicación desconocen la importancia de estos pioneros, no se le puede exigir a las masas que los evoquen porque sí.

Cuando decimos que hay que ir por lo que falta, no sólo se debe pensar en la vivienda, la salud, la educación y el trabajo. También hay que pensar estos temas, porque nuestros músicos, tanto como nuestros escritores, entre otros, son los que nos dan sentido, razón de ser, nos dan memoria, nos dan identidad, nos reflejan, nos describen y nos explican. Por eso, entre lo que nos falta hacer, está pendiente el rescate dinámico de nuestros pioneros, muchos de los cuales los tenemos ahí, a una generación de distancia. Porque el Cuchi se fue en 2000, pero están sus hijos, lo mismo que los hijos de Adolfo Abalos, y los del resto. Y también tenemos aún entre nosotros a músicos que tocaron con ellos, que convivieron  tienen un montonazo de información disponible, que se va a perder inevitablemente si no se la captura a tiempo. Y no se trata de cuadros, nombres de calles o actos solemnes. Se trata de que las nuevas generaciones se vean reflejadas en esas personalidades que son las que delinearon las bases de lo que somos como pueblo.

La tarea es ardua porque somos un país muy cabezón y en la ciudad de Buenos Aires, centro de producción de cultura para el resto de país, es muy difícil que un porteño nacido y criado entre edificios y avenidas, se identifique con la imagen del Zorro queriendo masticar un par de gallinas, pero sí se puede ver cuando escucha

“El pobre que nunca tiene ni un peso pa’ andar contento
ni bien se hace una gallina que ya me lo meten preso”

Ahí no hay barreras paisajísticas, sino fundamentalmente sociales y es por ahí por donde se debe trabajar.

Lamentablemente somos el único país donde a nuestra música popular se la sigue denominando “Folklore”, lo que al decir del Chango Farías Gómez, derivó en el surgimiento de los Folklorólogos y su elite más aborrecible: los gerentes de la tradición. Así fue que se encapsuló a nuestra música popular del interior como algo muerto, y las escuelas se viste a los niños de gaucho y china para las fiestas patrias y se evoca la nacionalidad de una manera tan museológica, que espanta y hasta genera rechazo. Y ahí anduvieron puñados de aventureros que se vestían de gauchos para cantar boleros, desafinados a más no poder, que contribuyeron a que se acreciente el desprecio por nuestra música popular.

Luego vino el boom del mal llamado “Folklore joven”, lo que habilitó la irrupción de nuevas figuras que empezaron a electrificarse justo cuando en Estados Unidos se desenchufaban. Me decía una tarde Jorge Milikota “Toda la parafernalia que los yanquis desechan, acá la agarran los pibes”. Entre tanta electricidad mal usada y esa necesidad de que a los dos minutos de iniciada la actuación el público ya esté arriba de la silla revoleando sus abrigos, engendró el “Arriba las palmas, vamos Cosquín” y todo se fue irremediablemte al carajo.

Hace poco vino un argentino radicado en Puerto Rico que me pidió una lista de músicos nuevos para comprar sus discos y llevárselos: le anoté Luna Monti y Juan Quintero, Lilián Saba, La bruja Salguero, Franco Luciani, Cuarto Elemento, Aca seca trío  y algunos más. No encontró prácticamente nada en todo Buenos Aires.

Se ha hablado mucho de batalla cultural y se la ha dado de manera torpe, artesanal y en muchos casos equivocada, porque no se han tocado costados sensibles como los de nuestra música popular. Han habido realizaciones importantes como sin ir más lejos la FM “La Folklórica”, de Radio Nacional. Pero eso es nada en relación a lo que se necesita. De no ser así no pasarían de largo las fechas que sirven de coartada para refrescar tantas figuras emblemáticas. Si hasta para el Día del músico se tomó como fecha el nacimiento de Luis Alberto Spinetta, genio si los hubo, pero no superior a Yupanqui, Piazzolla o el Chango Farías Gómez, por nombrar algunos nombres ilustres. Mucho rock cocinado en la CABA se ha transformado en la banda de sonido de un país que en el interior, en muchos casos se queda afuera de esta corriente.

Entre lo que falta, falta entender que para ser un país independiente, lo primero que tiene que tener es memoria para saber de dónde venimos, en lo económico, lo político, lo cultural, y también recordar que hay un sonido que nos identifica, que no es la cuadratura monocorde de este rock que suena cada vez más pop, al punto de que ya no se encuentran diferencias entre uno y otro. Recordar que hay un sonido que aún está vigente, aunque se lo siga tapando, es uno de los grandes desafíos que tenemos por delante.

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