Héctor Larrea, el intruso en tiempos del “¿Da para darse?”

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Hubo un tiempo donde hacer radio significaba jugar con la abstracción, con eso que se denominaba “teatro de la mente”. Se entendía que un programa debía en cierta medida montar un show donde en formato magazine entraran pastillas de todos los colores, desde el humor hasta el deporte y la nota política del día. La vieja noción de revista.

Aunque hoy parezca una rareza, hubo un tiempo donde el conductor de un programa de radio producía él mismo en su casa las secciones musicales. No se conocía el “vamos a un tema musical” porque cada canción que se emitía tenía una razón de ser, un fundamento de efemérides o artístico, no se la ponía para irse a fumar al pasillo. En esa época, el conductor se quedaba aferrado a la silla escuchando con los auriculares el aire, porque, entre otras cosas, así se mantenía en sintonía con el principal elemento de un programa de radio: el clima, ese hilo conductor que enlaza la pastilla deportiva con la columna política del día y el toquecito humorístico. Pero el clima como sonido unificador de un producto comunicacional preproducido desde las cortinas hasta los auspicios comerciales, donde se propone un formato con determinados componentes que son algo distinto a la barra de amigos que se sienta el lunes frente a los micrófonos a contarse durante cuarenta minutos cómo le fue a cada uno el fin de semana.

Hubo un tiempo donde todo esto se hacía en la Amplitud Modulada, entre otras cosas porque llega muchísimo más lejos y reúne dentro de ese clima al oyente porteño y al de 9 de Julio. La radio de masas sigue siendo la AM.

En esa radio, el conductor lleva la pelota, maneja el clima, los tiempos, alarga o achica un segmento, copetea las entrevistas pero cede al periodista especializado las preguntas porque su rol es otro: sencillamente unir todas esas cosas sueltas en un concepto rítmico y sonoro. Es un director, un Duke Ellington incidiendo en varias individualidades para que éstas terminen haciendo lo que creen que les place pero sin observar que al fin y al cabo hacen lo que el líder pretende. Esa radio tenía un ritmo frenético, porque debía sonar al compás de la actividad del camionero de reparto, del ama de casa que está limpiando o el que está viajando. En ese concepto artístico un bloque de 15 minutos de piso puede incluir hasta tres secciones y cuando se va a la música se lo hace para escuchar algo que está producido y engarzado con lo que se viene diciendo, salvo que sea un segmento preestablecido en un horario ya señalizado.

En Lineas generales, este formato ha tenido en los últimos 45 años a Héctor Larrea como su principal exponente. “Hetitor” vendría a ser la corriente principal y sobre esta base surgieron líneas que manteniendo la estructura introdujeron mejoras, una de las cuales y más significativa ha sido sin dudas la de Quique Pesoa, que agregó el comentario editorial de apertura, la transmisión desde un bar pero fundamentalmente la operación de una computadora a cargo del conductor para sumar colores, sonidos, “cositos”.

Pero de esa concepción radiofónica ya casi no quedan rastros y Larrea, a quien podíamos disfrutar en la tarde de Radio Nacional, desde febrero saldrá por FM La Folkórica, con lo cuál un platense ya no podrá escucharlo a la usanza tradicional. Y quizá esté bien que así sea; quizá uno está rememorando algo irremediablemente viejo o reincidiendo en aquello de “Todo tiempo pasado fue mejor”.

Probablemente hoy lo moderno es el “Da para darse”. Quizá la radio de los dos mil sea eso y Larrea no sea más que el cabecilla de una banda de canosos dispuesta a intrusar el éter, vaya uno a saber. Mis hijos viven escuchando la Metro y buscan en Youtube los “da para darse” que se perdieron en vivo. La contradicción la tengo en mi propia casa y me siento irremediablemente viejo al añorar al Doctor Pueyrredón Arenales o al desesperar por imaginarme escuchando la Milonga del flaco de gris y la morocha de verde en frecuencia modulada.

Debo ser yo, debemos ser nosotros los equivocados.

O quizá no sea así y estemos al borde de una contienda para que esa radio que añoramos no sea definitivamente erradicada del dial. Quizá debamos pelear para que siga vigente la posibilidad de comparar formatos, porque los pibes se dan con lo nuevo pero si vienen los Stones hacen dos días de cola para sacar la entrada.

Ojo: son sólo jóvenes…

La peor derrota es aquella que se cosecha por no haberlo dejado todo en la cancha. Salgamos a dar el debate. Digamos que hay cosas que pasan en la radiofonía no por imperio de la época sino porque este medio de comunicación ha sido cruelmente depredado, si ya ni discotecas tienen las mayoría de las estaciones… Hay que economizar ¿Vio? Entonces, así como los programas de panel en la tele existen por una sencilla cuestión de bajos costos, Cristóbal López lo pone toda la mañana y parte de la tarde a Mauro Zeta guitarreando con asuntos policiales en C5N básicamente porque le sale baratísimo en términos de producción y no porque esa sea una tendencia novedosa en materia de comunicación. El tributo a Héctor Larrea lo trasciende porque refiere a la defensa de una radio que está en terapia intensiva.

El piano eléctrico vino a incorporar elementos novedosos, pero no a reemplazar al acústico de doble cola, lo mismo el bajo eléctrico en relación al contrabajo. A propósito: cuando Miles Davis le propuso a Ron Carter que ejecutara el bajo eléctrico, el por entonces joven Ron le dijo “yo toco contrabajo. Si querés bajo eléctrico buscá otro bajista. Hay a montones”.

Soy Ron Carter.

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  1. Larrea cuenta q siempre q empezó c Rapidísimo porq sólo le concedieron media hora al aire .La aprovechó y en poco tiempó tuvo un éxito en un formato q era novedoso “todo rapidito”asi si al oyente no le gusta sabe q dura poco al menos “(precursor del zapping )
    Donde vaya hará lo suyo q es bueno y será un éxito

  2. 1.- La idea de una época en la que todo es frenético se choca de bruces con las larguísimas sesiones de periodismo policial con esta secuencia: movilero-criminalista chanta-psicóloga obvia-allegado a la víctima. Con un fondo musical también frenético y alarmista que nos trae el “último minuto”, la idea de que todo está pasando allí y de que, además, eso tiene sustancia y contenido se impone a la audiencia. En realidad, tal como lo definís, no hay contenido ni sustancia, sino un relleno que se estira para sostener algún punto de rating y pauta publicitaria. Nada es veloz ni frenético, y sin embargo lo parece.
    Por otra parte, la idea de “todo está pasando aquí” tiene una fuerte impronta ideológica: si “todo está pasando aquí”, yo no puedo hacer zapping ni tocar el dial, porque el objeto mirado o escuchado (que ha pasado a ser más importante que yo y mi reflexión) al “borrarse”, me hace desaparecer. Yo no soy yo y el programa no es eso que está afuera; yo soy el comentario sobre Tinelli al otro día en la oficina.
    2.- Nos han vendido la idea de que esa televisión y esa FM son “dinámicas”, por gritadas, por cancheras, por una dicción que acompaña la precariedad y se asocia al formato. Sin embargo (y en realidad, tu observación me lo permite notar después de décadas de tratar de entenderlo) lo dinámico, incluso lo frenético, era lo que hacía Larrea (de ahí lo justificado del nombre “Rapidísimo”). Lo atinado de tu apreciación es que ese concepto está anclado en la necesidad de abordar una audiencia multiforme en contextos de escucha totalmente distintos y ámbitos regionales variados. No es velocidad porque sí, no es velocidad vendehumo que se asocia al clima de época, prepotente, cancherito y cool. Es una velocidad, un ritmo, vinculado a un estar con el otro, un otro variado, de edades distintas, de clases distintas incluso.
    3.- Las “pastillas de todos los colores” hoy no existen porque en detrimento de un centro de conocimiento, que administra sabiamente la información (por ejemplo, Larrea) hay una barra de café que también, a diferencia de ese que abría el juego a un especialista por cada disciplina, todos opinan de todo.
    La estrategia es hábil porque se hunde en terrenos más profundos: si todos opinan de todo, en principio, no hay especialistas, ni hay conocimiento más o menos sagrado; segundo, si todos opinan de todo, estamos a dos pasos de los foristas de Internet; y eso creo que tiene un fin ideológico definido: cualquiera puede hablar.
    Segunda mentira entonces: un programa podrá tener más secciones hoy que las que tenía “Rapidísimo”, pero todo se uniforma en la relatividad de opinadores que hablan sobre todo.
    La idea de “cualquiera puede hablar” habilita otras cuestiones: hoy a través de Internet, como diria Feinmann de los blogs, “cualquier pelotudo puede tener un programa de radio”. Bienvenida la democratización de la palabra y la diversidad, pero si está hecha sobre este giro ideológico, no hay ni mucha democratización ni mucha diversidad.
    En el caso del humor, es notorio lo que ocurre: está en todo, todos tienen una opinión más o menos divertida, todos pueden aportar algo que los vuelve por unos segundos el más canchero del barrio, y entonces, por estar en todos lados, el humor no está en ninguno.
    Con Larrea uno esperaba a Sapag, Mario Sánchez o Pueyrredón Arenales. Hoy no hace falta. El humor aparecerá de la mano de cualquier conductor e incluso del operador de sonido (ese intruso que cubre los baches de la falta de sentido, y a veces, sin que haga falta, editorializa precariamente con sus “boing”). Como diría Esther Díaz, la posmodernidad es jovial, es cool, y, por más transgresora que sea, nunca termina siendo agresiva, porque todo es light. La posmodernidad deber ser divertida, nunca aburrida. Vaya si la FM cumple ese programa.
    4.- Respondiendo a una época en la que se habla de “lo real”, de lo que está pasando, de lo que crea “la gente” en las redes, el “da para darse” es una consecuencia lógica de todo eso. No hay “teatro de la mente”, hay una recreación de algo real, y de paso, una intromisión en lo privado. Ya ni hace falta el productor para crear un programa, los mismos oyentes lo pueden hacer. La ausencia de especialista, el programa hecho por la “barra de la esquina” corona su propio sueño: una falsa horizontalidad donde todos estamos a la misma altura, un sueño muy similar al Twitter, donde puedo tutearme con el famoso y ser yo mismo famoso por unos segundos.
    La FM crea así un lenguaje y a su vez coloniza a otros lenguajes, por ejemplo el del humor. No es casual que de cada diez comediantes de stand up, el 60% salga de allí. No son casuales sus referencias, sus estilos, hasta la forma de decir las cosas. Ni siquiera es casual la empatía y la complicidad (dos elementos centrales en este género) que se proponen con el espectador (ni hablar que los espectadores suelen ser los oyentes que quieren escuchar lo mismo que en la radio, es decir, es un público cautivo). La FM colonizó un lenguaje que de por sí ya venía flojito de papeles en Argentina, que no pudo ni gatear. La “velocidad” que uno suele escuchar en el género es similar a la de la FM: permite que chistes muy flojos pasen por discretos y que un mal narrador, arropado por la presteza, aparezca como módicamente bueno.
    5..- Volviendo a Larrea, pasamos de ese Duke Ellington que hacía lo que quería, haciéndoles creer a los especialistas que lo hacían ellos, a un grupo que hace lo que la pauta estética e ideológica determina, y -creyendo que ellos lo hacen-, no advierten que son hablados por el lenguaje de su época, y es más, por las necesidades corporativas de sus patrones. La condición sine qua non para que lo sigan haciendo es que se mantengan en eterno desenfado. ¿O acaso no se nota que todos estos mucachones, algunos de los que se acercan a los cincuenta, persisten en el look adolescente al que la época los ha condenado? En ese sentido, podría decirse que, por el contrario, Larrea se mantiene, fiel a su tradición, con sus canas y sus arrugas, eternamente joven.

  3. A mi no me gustaba tanto el programa de Larrea, como Larrea mismo, por eso que decís. Es un placer escucharlo porque es muy dinámico, ingenioso, aglutinante. Por otro lado siempre me sorprendía con su selección musical; yo no conozco mucho folclore y tango, pero lo que suelen pasar en las radios me parecía horrible, en cambio Larrea siempre te saca un conejo de la galera y terminás queriendo saber más de tal o cual artista.
    Es triste, pero es inevitable que las cosas vayan cambiando.
    Te lo dice alguien que no llegó a presenciar el funeral del rock y vive de discos viejos. Lamentablemente el rock hace ratazo que está muerto, enterrado y tiene mausoleos por todos lados. No creo que vuelva.
    Y así con tantas otras cosas
    Hay que aceptarlo

  4. De acuerdo con la semblanza de Larrea. Pero te olvidaste de algo: le faltaba intensidad K. En un año electoral el idiota que lo reemplaza deja más tranquilos a las autoridades de la radio, y sus superiores, que los dineros del estado se estan usando para la “causa”, en vez de entretener a la gente.

  5. Larrea me impresiona desde la cortina mezclada con esa salsa que se hizo hacer allà en el caribe ..y no es sòlo tango de excelencia , me impacta con todo lo que en materia de mùsica pone al aire…Y la voz del carrito es toda ternura de la de antes…

  6. El tema radio me toca muy profundo, ya que trabajé en ella desde muy joven, en AM y a veces añoro mucho ese tiempo. Siempre escucho a Larrea y también me puse mal cuando escuché que se iba a la FM, reemplazándolo por ese programa que nunca logré escuchar por mas de 10 minutos, insufrible!,. La involución de las radios surgió aparejada de la implosión de las FM, de la falta de reglamentación al respecto. Donde vivo, hay 40 emisoras de FM, solo 3 ó 4 están habilitadas, el resto son truchas, compiten comercialmente sin pagar impuestos, etc. Todo está ligado, como dice Gerardo al tema económico y coincido absolutamente con que no hay especialistas y que se opina ligeramente de todo careciendo de los mas básicos conocimientos.

  7. Un gran post, un gran comentario de Carlos Balmaceda, una nueva expresión (“da para darse”, la desconocía y no sé incluso si la entendí).

    Yo soy fan todavía de la onda AM vieja. No entendí nunca cómo puede ser que en la mayoría de las FM que oigo, no se mencionen los autores de letra y música de los temas, ni se mencione el nombre del tema ni los intérpretes.

    En fin, ahora también me ayudaron a acomodar un poco los tantos de una duda que me quedaba ayer en Facebook: ¿por qué dejo pasar un posteo y comentarios afirmando que los yanquis nunca estuvieron en la Luna? Y ahora me cae la ficha, gracias a Balmaceda: porque cualquiera puede opinar.

    Saludos y buen fin de semana.

  8. Lo increíble es el reemplazo de Larreaa, como dice Celia un programa inaceptable conducido por un señor que está mas o menos bien en tv, pero es insufribles en la radio, nada que ver, Y encima el mismos nombre! Todos en cueros las pelotas! Un error de la dirección de la radio. Héctor, con todas las aplicaciones que sólo tienen fm, va aser un boom, me parece.

  9. Trabajo con Héctor hace algunos años. Es uno de los hombres más generosos que he conocido en este medio. Y es la radio caminando. Veo la pasión con que cada mediodía prepara su programa. No sé como sonara en FM, seguramente bien, pero la AM lo llorará, lo extrañara, pedirá a gritos que regrese su mejor amante. Tendremos una AM llorona, reclamando la voz de Héctor.

  10. Perdón por los errores de escritura anteriores, me apasiona el tema, Larrea, ganador de varios premios eter, fierro, etc, se merecería un konex. Este mes estará en duplex, fm-am

  11. en tirando al medio no encuentro el enlace a acá, creí que ud, gerardo, había borrado los comments

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