Hasta en su muerte nos hace pensar Antonio Carrizo

Antonio Carrizo, junto a Héctor Larrea, Hugo Guerrero Marthineitz y Cacho Fontana serían algo así como la corriente principal de una forma de entender la radio en Argentina de la que casi no quedan rastros, salvo el propio Larrea a quien por suerte todavía lo podemos disfrutar. Carrizo es la radio con la nos criamos los que andamos en los 50 pirulos, una radio que llegaba antes que la tele, no como ahora. Carrizo era la radio donde la música que se emitía tenía una producción previa, donde jamás se escuchaba el decadente “Vamos a un tema musical”. Carrizo fue una radio donde se prestaba un servicio, donde se aportaban ideas, información , entretenimiento, cultura y donde jamás se escucharía a una barra de flacos de buen pasar comentando sus vicisitudes del fin de semana. Carrizo fue una radio no colonizada por periodistas venidos de la gráfica, sin swing y sin ese ritmo que inevitablemente exige el medio para cautivar al oyente.

Es que se concebía a la radio como un medio de comunicación a la par de la televisión, con perfil propio y elementos distintivos, entre otros, la velocidad que tiene para llegar y emitir antes que la TV. Parece mentira que hoy, teniendo la posibilidad de seguir llegando más rápido, la radio espere las imágenes para informarse desde ahí. Es que la gran inversión es la tele y a la radio la desfinanciaron, transformándola en la hermanita pobre, donde algunas estrellas que hacen la gran diferencia en la pantalla, por la mañana se procuran los gastos básicos haciendo un par de horas en la emisora del grupo. Por otro lado, se ha inventado la maravilla de poner una cámara fija en estudios de radio para ver a cuatro personas sentadas hablando, algo que, mostrado como supuestamente novedoso, esconde un truco para achicar gastos en horas donde el encendido es marginal.

Por eso, evocar la figura de Antonio Carrizo, más que ser un homenaje merecidísimo, es ingresar a un debate sobre el presente de los medios, sus transformaciones y su devaluación, lamentablemente. Carrizo quizá pudo ser lo que fue porque brilló en tiempos donde a dos puertas del estudio estaba la oficina del director de la radio, que en la mayoría de los casos era el dueño. No había un gerente preocupado centralmente por cuidar los números y su culo. Pero también hay algo de retroceso en cuanto a la generación de figuras de los medios: no es casual que hoy directamente no existan personalidades equiparables a la generación de Carrizo en lo referido a la formación cultural y a la preocupación por tener masticado todo lo que se va a emitir. La gran pregunta es si la radio de hoy podría operar como incubadora de nuevos Carrizos y Larreas y la respuesta es contundente es NO.

En suma, un debate vital que tenemos pendiente y que figuras como Antonio Carrizo nos incitan a enfrentar lo antes posible.

Si habrá sido grande Antonio, que hasta en su muerte nos hace pensar…

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