Estamos mal ¿Vamos bien?

Una representante fulgurante del cristinismo porteño cruza a Del Caño y termina recibiendo una tapa gigante por parte de Myriam Bregman, una tapa que uno no puede menos que compartir. Por la tarde, hasta Hebe de Bonafini reconoce que el cristinismo brilló por su ausencia en Pepsico. Todo esto nos vuelve a sumergir abruptamente en nuestras carencias políticas e ideológicas, en nuestra falta de debate. Nos demuestra, además, que cuando al macrismo le agarran ataques de redistribución represiva no le hace asco y reparte canas, palos y gases como si fuera la última vez, ante una teleaudiencia que, sospechamos, aprueba en silencio la represión.

Pepsico no es novedad, ya desde el 20 de junio venía instalándose el conflicto y nada preanunciaba un final feliz. El anochecer nos encuentra contándonos las costillas, pasándonos facturas de quienes estuvieron y quienes jamás aparecieron y se me ocurre que si no reflexionamos, probablemente estas sean escenas de otra derrota con el agravante de que no se vislumbran puntas que nos hagan entender que sin trabajar por la Unidad del campo nacional y popular estaremos participando de una pulseada por ver quién cae más lento en la derrota.

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El escenario electoral ya está definido y los cambios que puedan generarse de aquí a agosto y octubre no escaparán de las previsiones generales que se pueden hacer, habrá alguna modificación pero de ninguna manera un puntín al tablero. Lo inteligente es ponerse a pensar -o seguir pensando quienes lo vienen haciendo- cómo se reconstruye el la unidad del campo nacional y popular y sobre qué ejes. Sospecho que el debate sigue latente y que las articulaciones electorales no han hecho más que postergarlo, pero las dudas siguen, las preguntas siguen y las respuestas faltan.

Siempre que el campo nacional y popular se desgajó la derecha generó los avances más notorios. Lamentablemente, nada nos indica que no estemos en los umbrales de una nueva disgregación nacional y popular. Faltan ideas fuerza, falta voluntad de abrir espacios, falta dejar clichés pasados de moda. Pero también falta entender que hay mucha discusión Facebookera, mucha revolución digitalizada, mucha confusión de quienes desde un honestidad indudable creen que comentando o “megusteando” una nota contribuyen al avance del campo nacional y popular.

Estamos mal y la etapa pasa por darnos cuenta de eso, por asumirlo. Una vez que no tengamos más dudas y reconozcamos sin culpas ni pases de factura el lugar desde donde habrá que reconstruir estaremos en condiciones de volver a caminar para adelante.

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