Ese momento de gozo en Nochebuena

El ritual es más o menos repetido: llegar, saludar y tratar de ubicarse en el área de influencia del Vittel Toné o ese lechón infernal, cosa de tenerlo a un brazo extendido de distancia. cuando se abre la escena del morfi, empezás a sacar provecho de esa ubicación privilegiada que allá por las 20:30/21:00 estratégicamente elegiste. En el momento preciso le dices a tu esposa que a la vuelta maneja ella y te lanzás de cabeza al alcohol, a ese arrollado que hace tu cuñada, probás la pavita que con tanto esmero lleva siempre tu otro cuñado, hasta que llegan los postres y hay un momento, para mí, glorioso: cuando logro alejarme sutilmente de la muchedumbre con una sidra, unas nueces y una bolsita de garrapiñadas. Creo que de no ser por eso, me quedaría en casa viendo Space y disfrutando de esa pulsión solitaria y por momentos antisocial que me acompaña desde que tengo uso de razón.

Todo en mí es absolutamente pagano

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  1. Yo, ateo como el que más, gozo la Navidad a través de los hijos chicos y sobrinos que pasan la noche tirando cohetes como yo cuando era chico. Y la reunión familiar que se da todos los fines de año. Con eso, ya estoy bien pagado. ¡Feliz Navidad a todos!

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