Entre el Mediterráneo y Terminator

El Mediterráneo, ese mar que inmortalizó Serrat con su bella canción, se ha transformado en la fábrica de cadáveres más fabulosa que jamás haya existido. Decenas de miles de poblaciones que huyen de la miseria prefieren lanzarse al mar pues han llegado a la conclusión que da lo mismo morir ahogado que seguir alargando una vida miserable. Uno observa ese drama en apariencia lejano hasta que se pone a pensar entonces si el conurbano bonaerense no se va tornando poco a poco en el Mediterráneo nuestro de cada día, donde en lugar de agua hay balas policiales, donde no se sabe si para mucha gente tiene sentido extender una vida horrenda llena de todo lo que falta y si entonces no tiene sentido salir de fierro, total…

Alguna vez hemos ya planteado que eliminar a los millones de argentinos que sobran es una tarea que ni los más desaprensivos estarían en condiciones de llevar a cabo. Con sólo imaginar dónde colocar por lo menos 5 millones de cadáveres basta y sobra: 5 millones de tumbas ¿Acaso millares de grandes excavaciones para depositar en ellas miles de restos humanos?

Estremece tanto escribirlo como leerlo, pero es puro sentido común, pura probabilidad en caso de no ponernos a pensar en qué hacer para eliminar esos Mediterráneos que abundan en la periferia. ¿Qué hacer con la gente que sobra? Esa es la pregunta que desestabiliza cualquier construcción discursiva, básicamente porque no se conocen respuestas saludables a esta problemática en la parte de abajo del mundo, que cual rincón acumula deshechos que en este caso son humanos, gente de carne y hueso sin sentido y destino, que sobra. Aylan, ese chiquito que apareció en las costas del Mediterráneo conmovió a occidente, hasta que a los pocos días otra noticia lo sacó de los titulares principales, lo corrió a las páginas interiores, luego desapareció…. Es que el horror que causó su foto forma parte de un nuevo tipo de dolores morales que hemos inventado: es un horror de ocasión, un estado de ánimo ante ciertas noticias, algo que nos genera rechazo pero no llega a penetrarnos, entonces, los que tienen la chance se mudan en busca de un hacinamiento saludable a barrios privados, donde todos somos iguales dentro de un mundo de fantasía donde el piso es un auto 2.0 modelo 2014, de ahí todo es para arriba en cuanto al consumo.

Tarde o temprano llegará el momento de las preguntas odiosas ¿Es posible modelar de manera distinta al mundo? ¿Se puede hacer algo en la periferia sin trastocar el estado de cosas estructural? Son preguntas que deberían ocupar un primer lugar inamovible fundamentalmente en la política, que es la que debe dar cuenta de esta realidad dramática porque, bueno es repetirlo: La desigualdad es consecuencia del triunfo político de los de arriba. El gobierno anterior redujo la pobreza de más del 50 al 25%. Su error fue intentar hacer creer que la había bajado aún más, pero ese problema, en todo caso, es del piñón fijo que ha obturado toda posibilidad de revisión crítica. El eje que nos importa en este momento es otro y apunta a preguntarnos si existen posibilidades objetivas, en el marco de las relaciones actuales de producción, de reducir la pobreza, si no a cero al menos a su punto más bajo. Pensar, por ejemplo, si existen actividades para emplear a esos miles de seres humanos que, además, carecen hasta de escolaridad, y si la han terminado, en muchos casos lo hicieron asistiendo regularmente para alimentarse porque en sus hogares no había nada que comer. Por eso el chumbo es el camino más corto para enfrentar a la miseria, hasta que la Policía le pone fin a esa ¿Vida? a balazos. Estamos hablando de una periferia que no tiene fuentes de trabajo que garanticen al menos lo imprescindible para millones ¿Para qué son, acaso, las armas que adquirió Bullrich, si no para proteger de la “inseguridad” los bienes materiales de los que se salvan?

Deberíamos encontrar ganas de adentrarnos a menudo en estos lodazales conceptuales para ir por lo menos señalizando un camino de problemáticas que en la medida en que no sean resueltas acabarán con las edificaciones sociales hasta ahora conocidas ¿Seremos capaces de no ahogarnos en el Mediterráneo y esquivar ese futuro del que se vino Terminator hace ya varios años?

*Gracias por apoyar esta página

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  1. Sí fue un error del anterior gobierno decir que la pobreza había bajado más de lo que bajó.

    Pero hay que aclarar una cosa. Desde la dictadura hasta CFK todos los gobiernos aumentaron la pobreza estructural en el balance, es decir, siempre , cuando el gobierno de turno se iba, quedaba la pobreza un poquito más alta que el anterior o, mejor dicho, el mejor desempeño del gobierno subsiguiente en cuanto a nivel de pobreza era peor que el mejor desempeño del gobierno precedente (esto se detecta viendo en la curva de crecimiento de la pobreza uniendo los puntos de los valles -el nivel más bajo, haciendo abstracción de los picos -el nivel más alto)

    El único gobierno que rompió con esa lógica fue el de CFK, especialmente en su 2° mandato. Estimo yo que, midiendo como se medía en la época de Menem, la pobreza a fines de 2015 estaría entre 22 y 25% como vos decís. Menem, si mal no recuerdo, cuando se fue, la dejó en 28% aproximadamente, luego de 10 años de ser el “mejor alumno del FMI”. Lo que significa que el gobierno de CFK no solo evitó, a diferencia de todos los que la precedieron desde la muerte de JDP, que se agregue una “capa sedimentaria” más a la pobreza estructural que existía, sino que logró quitarle una pequeña capa a la misma.

    Lo que significa que el valle de la curva de pobreza de finales del gobierno de CFK es más bajo que el valle previo a la crisis del 2001/2.

    Si para lograr ese “modesto” resultado desde el punto de vista histórico, a pesar del enorme esfuerzo del gobierno de CFK y de todos sus errores, se levantó la reacción en su contra que todos conocemos, imaginate si quisiéramos volver a los mucho más bajos niveles de pobreza de 1974, por ejemplo. Los intereses que enfrentaríamos serían mucho peores que los que enfrentó el gobierno K.

    Por eso, Gerardo, es tan importante poder conducir amplísimas franjas de la sociedad hacia objetivos comunes (lo ideal es un 60%) para poder disuadir, neutralizar y enfrentar con éxito la reacción de los intereses que ya sabemos que van a reaccionar.

    Pero esa aglutinación no la pueden hacer las técnicas de negociación política entre partidos, agrupaciones o facciones al solo servicio de una ventaja electoral. Más bien esto debe ser efecto de una capacidad de conducción de conjunto que muestre a todas las partes y engranajes para qué lado hay que patear. Esto es lo que se llama estrategia.

    Sin esa capacidad de conducción de conjunto se puede ganar la elección pero, luego de la misma, cada parte va a trabajar para sí misma, sin la dirección de conjunto que se necesita. Y eso va a provocar más frustración y decepción, sobre todo en la juventud.

    Estamos viviendo una época que nos exige tener un conductor al estilo Rosas, Yrigoyen o Perón. Tenemos a CFK que todavía no está a la altura de ellos. Ella es líder pero no conductora. Pero ella podría aprender a conducir si todos la ayudamos.

    No tenemos, hasta el momento, otra cosa. Es la única esperanza, feliz o lamentablemente, según como se lo mire.

    Nunca ningún pueblo del mundo en la historia hizo transformaciones en su propio beneficio por sí mismo. Siempre se tuvo que dar un conductor para eso.

  2. La migración de Africa y Asia hacia Europa es un espejo de la migración de zonas desfavorables a conurbanos dentro de Argentina.

    En uno y otro caso, esas “sobras” poblacionales se desplazan y crean problemas en otras zonas, en las que confluyen.

    Países como Paraguay o Uruguay pueden hacerlo porque desplazan esas sobras fuera de sus fronteras y mantienen la población sin tanto crecimiento.

    Argentina, a pesar de su baja tasa de crecimiento demográfico, no alcanza a sacar todos los excedentes de población. Excedentes en el sentido de que no pueden desarrollarse en el lugar en donde viven. Véanse, si no, las provincias menos desarrolladas, fuentes inagotables de emigrantes.

    Si a todo esto se suma una política a la que no le importa cuántos quedan afuera del sistema, sólo cabe esperarse un empeoramiento de la situación, que ya tenía profundas raíces anteriores.

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