El tercer sector electoral

Últimamente vengo escuchando a Jorge Fernández Díaz en Radio Mitre porque los gustos hay que dárselos en vida, qué tanto. Verdaderamente este muchacho se metió hace años en una trinchera y al parecer está cómodo, pero ¡Por favor que alguien le avise así sale y no se vuelve definitivamente loco! Todo bien, al fin y al cabo cada uno vive donde más le gusta y con más razón en sectores sociales que llegan a fin de mes. Pero si algo no me esperaba era escuchar oyentes que diciendo cosas como “Gracias por decir tantas verdades ahora que se puede hablar”

La verdad quedé anonadado porque, a ver, Fernández Díaz tiene todo el derecho del mundo a hacer el programa que más le plazca con los mitos políticos e ideológicos que ya se le conocen. No viene al caso criticarlo en este aspecto. Lo que preocupa es que haya personas convencidas que el país vivió 12 años amordazado, eso realmente asombra. Porque todos vimos y escuchamos a Jorge Lanata, a Rossi, a Grondona, a Nelson Castro y todo el staff de los grande medios argentinos decir todo lo que se les vino en gana durante los años de gobiernos K. Pero como los comportamientos sociales siempre imponen novedades, la del presente consiste en comprobar que para mucha gente “ahora se puede hablar en libertad”. La verdad, no salgo de mi asombro.

La sociedad comunicada por los grandes medios llega a tener comportamientos absurdos, irreales, pero todo indica que esa conducta estaría empezando a ser la norma, lo que se conoce como “lo normal”. Y no creo que se trate de una deformación, tampoco de que esas personas sean retardadas. No, son mentes formateadas por un sistema de medios que diariamente las va poseyendo. Un sistema de medios que mientras produce y amplifica especies de información que en muchos casos carecen de investigación y cumplen con el objetivo de seguir instalando la noción de que el país vivió amordazado, etc y mientras se publican informaciones que en muchos casos duran apenas horas pues la opereta es tan alevosa que hasta muchos de los propios no le den credibilidad, al mismo tiempo instala la sensación de que vivimos en una sociedad que recién ahora sale a respirar el aire fresco de la democracia pluralista.

Es que nociones como realidad, hechos, datos duros, han entrado en discusión. De otra manera sería imposible que sucedieran estos fenómenos. Lo que conocemos como La realidad, “esto que está ocurriendo en este instante” es una construcción que pasa por varios teclados desde que se produce el hecho en sí hasta el producto informativo de consumo masivo. Pero no todas son malas noticias: los estudios serios y la experiencia empírica señalan que este trabajo de manipulación es efectivo sólo para el núcleo duro que apoya al gobierno de Macri. Se sabe que hay otro tercio que es definidamente opositor y que el tercio restante, sencillamente “está en otra” y este es el dato para mí más importante. Ese tercio de la sociedad que está por fuera de la operación mediática y que recién llega a prestar algo de atención cuando falta una semana para las elecciones. Ese sector, que le dio muchos votos a Cristina en 2011 y ahora a Macri, ese sector virtualmente inabordable, ese sector que se decide a último momento y que vota con la misma seriedad con que hace un trámite vulgar. Ese sector, aunque parezca mentira, piensa y siente, sólo que sus pensamientos y sentires son extraños a los de los otros dos tercios. Una de las tareas de la política debería ser no cejar en el estudio de este tercer sector, para intentar por todos los medios que vuelva a votar como en 2011. Para ello, uno de los requisitos prioritarios es comunicar no que se trata de volver seis años para atrás sino de extraer las conclusiones más lúcidas sobre cómo nos fue, cómo nos está yendo y en base a ello aventurar cómo nos irá si el macrismo se consolida en las parlamentarias de este año.

Si la política logra amplificar la noción de que lo mejor que se puede hacer es no perder lo bueno que se hizo, con eso basta y sobra para derrotar el proyecto de los grupos económicos. El Fútbol gratuito, o volver a los bares, es un buen disparador, de un altísimo voltaje popular.

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  1. Sobre el último párrafo, es bueno recordar que Macri, en su infinita hipocresía, decerrajó que FPT terminaba por el clamor del pueblo argentino.
    Clamor que solo él escucha, émulo de Amelita Baltar en Balada para Un loco, cuando era la única que veía al loco en cuestión.
    Otor clamores, mas reales, mas fuertes, mucho más legítimos escapan al selectivo sistema perceptivo del hijo de Franco, que como en tantas cosas dirá “esa te la debo”.

  2. Una vez más se pone de manifiesto la importancia crucial de la política para contrarrestar el influjo estupidizante de los medios sobre el “sentido común”. La pregunta clave es cómo lograr la politización de esas enormes masas anestesiadas y, en cierta manera,exorcizar su desapego y desinterés por nada menos que su propio futuro,sin caer en las grandilocuencias desmadradas de un exorcista cinematográfico con crucifijos y griterío desmesurado. Más aun cuando la gente ya ha tenido la experiencia vívida de los doce años en los cuales pudo vivir de manera mucho más adecuada a lo que son (o deberían ser) sus derechos.Años en los que éstos fueron tomados literal,y no metafóricamente.La única respuesta que se me ocurre a la reticencia por la política, es un liso y llano apego al masoquismo,o, como decía Oscar Masotta,que en el fondo el pueblo siente que no se merece tener derechos, por una culpa oculta e indescifrable.

  3. Lo de Masota es genial ¡Gracias por traerlo a este rincón pagano! Algo de eso hay. Uno de los efectos de la sobredosis obligada de medios es que de a poco instalan esa noción que anotaste: Hay sectores importantes entre la gente pobre que en muchos aspectos siente que ese es su sino y que jamás será distinto.

    1. Gracias. Masotta era genial en muchos aspectos. Esto lo dijo en un libro que,curiosamente,se publicó con fines aparentemente “comerciales”: Sexo y Traición en Roberto Arlt. En éste,se ocupa brillantemente de estudiar lo que él llamaba una especie de “anarquismo al revés” en la literatura arltiana;o sea, esa tendecia que hay de castigar al humilde en lugar de querer hacerlo con el poderoso.No hace falta ser muy lúcido para advertir esa misma constante en la política nacional, más aun en épocas tan nefastas como la nuestra,que guarda muchas similitudes a la década infame que trajinó Arlt.

  4. Gerardo: no deberías sorprenderte que los que golpeaban libremente las cacerolas digan que no había libertad. Les lavaron el cerebro y la única forma de hacerlos pensar seria “reprogramarlos” y eso es imposible sin recuperar el poder y democratizar los medios.
    SI todavía no leíste la nota de la revista el puente sobre sectas y “branding” vale la pena que te tomes 5 minutos. (http://revistaelpuente.com.ar/inicio/la-secta-del-branding/)

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