El Flaco, a 5 años de su partida

5 años sin el flaco. 5 años sin la cabeza más original que dio el rock en Argentina. No entro en la discusión de quién fue el mejor porque no pasa por ahí el debate, o mejor dicho, no es lo que me interesa anotar en estas líneas. Si algo caracterizó a Spinetta fue su originalidad, algo para mí central tanto en la música como en la vida. Hoy, si te ponés a hacer zapping en la radio y aparece un tema suyo, en segundos sabrás con certeza que estás escuchando al Flaco.

Eso tiene un valor fundamental, incalculable

Es Flaco sonó siempre a Spinetta, fue acompañando el rumbo que tomaba el rock del mundo pero sin mimetizarse. Abordó las corrientes de moda pero siempre desde su punto de vista. No sonó a Police cuando esta banda rompía todo ni a ninguna otra que momentáneamente liderara las corrientes de moda. A lo sumo pude sospechar influencias de la Mahavishnu de John McLaughlin en “Alma de diamante”, aquél álbum fundamental de Spinetta Jade grabado en 1980.

El flaco hizo un culto de la búsqueda de la complejidad, pero siempre lo hizo hasta cierto punto, como un guiño, como dando a entender que podía llegar más lejos pero que se quedaba ahí, que sólo lo sugería. Tuvo un gusto exquisito para seleccionar músicos: tocar con el flaco sólo le fue posible a los tocados por la varita mágica como Lebón, Javier Malosetti, Beto Satragni o Claudio Cardone, por mencionar cuatro que se me vienen a la cabeza en este instante.

Si alguien quiere informarse respecto a qué pasó en la música del mundo desde la década del sesenta en adelante, con escuchar la obra de Spinetta tendrá las mejores referencias, pero, repito, nunca sonó a copia, jamás refritó, siempre tuvo esa dosis de originalidad que, por ejemplo, descolló en la versión que grabó de “Tres agujas”, del primer Fito.

Luis Alberto Spinetta resulta, con el paso de los años, un músico con un caudal de argentinidad que asombra, porque en su obra, al fin y al cabo, está el bajo Belgrano, Villa Urquiza, el Parque Saavedra y la ciudad que amó hasta su último día de vida. En lo personal me pasa que aún descubro arreglos y chiches que no terminan de asombrarme. Creo, por eso, que la profundidad de su obra no ha sido abordada ni mucho menos conceptualizada debidamente todavía y que deberán pasar años para que lleguemos a abordar en toda su dimensión la obra, los estímulos y los guiños que nos dejó este genio que sólo 5 años atrás nos abandonó pero solo físicamente.

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