Dicen que exageramos cuando señalamos que hay sectores destituyentes…

Leímos a Morales Solá en La Nacion del domingo 6 de octubre:

“El secreto excita la desconfianza. No pocos argentinos se preguntaban anoche si la enfermedad presidencial no estaba siendo dramatizada con fines electorales. La suspicacia se respalda en el uso y abuso que el kirchnerismo hizo por la muerte prematura de Néstor Kirchner. Sin embargo, es difícil que esa especulación exista ahora. La presidenta se ha puesto en manos de muchos médicos que no conoce y de un sanatorio como el de la Fundación Favaloro que no prestaría a semejante maniobra política”


Por la noche, en Canal 13, el consultor Jorge Giaccobe le dijo a Jorge Lanata:

“Yo no creo que la sociedad permita que Boudou reemplace a la presidenta. Hubo otras situaciones parecidas -López Rega- donde la sociedad no quiso que alguien la representara o estuviera en poder. Me parece que tenemos por delante un problema muy serio que es qué pasa si la presidenta no se repone”


En ese mismo programa, el jefe de gobierno porteño balbuceó:

“Espero que haya una gran responsabilidad institucional por parte del gobierno, lo mismo que el Partido Justicialista: Todos ellos tienen que, realmente, marcar un camino y ver qué es lo que va a pasar. Tienen que realmente acudir al congreso y pedir una licencia y marcar un estado de situación.”

Y el lunes por la mañana, Eduardo van der Koy fantaseó:

“Los padecimientos de la maquinaria de poder cristinista no concluirían, sin embargo, con Boudou. Detrás del vicepresidente, en la línea de la sucesión, está la senadora Beatriz Rojkés, la esposa del gobernador tucumano, José Alperovich. Ocupa el segundo escalón en el Senado.

Hasta allí trepó sólo por su amistad y solidaridad con Cristina. Se trata de una mujer distante del sistema peronista. Y de todos los sistemas. ¿Alguien podría imaginarse gobernando a Boudou la transición?. ¿Alguien podría pensar que Rojkés lo haría sin hesitaciones? Esa manera de entender el diseño del poder de parte de la Presidenta escondería también un trastorno. No patológico. Sí político e institucional.

El caso de Julián Domínguez, el titular de la Cámara de Diputados, sería distinto. Podrá o no compartirse con él siquiera la hora, pero sería difícil escamotearle su recorrido político y partidario. Claro que, como parte de una hipótesis que nadie en su sano juicio querría ver consumada, Domínguez formaría parte de la línea sucesoria sólo para convocar al plenario del Congreso que debería designar al presunto reemplazante de Cristina. Fue lo que hizo Eduardo Camaño en la crisis del 2001 que terminó coronando a Eduardo Duhalde (entonces senador) como presidente de una emergencia.”

Ese mismo día, en una nota publicada en La Nacion sobre el impacto del estado de salud de la presidenta en los mercados, el señor Alberto Bernal, jefe de investigaciones del Banco de inversiones Bulltick declaró que:

“No cree que sea un evento muy relevante para el mercado, a menos que la incapacidad sea más permanente y le toque renunciar a Cristina Kirchner, lo cual, en mi opinión, sería un evento positivo para el mercado”

Después dicen que exageramos cuando decimos que hay sectores con una actitud claramente destituyente.

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