Débora ¿Se va de casa?

En Canal 13 despiden a Débora como a quien se marcha a cumplir una misión en el exterior…

Desde su creación, los medios fueron agentes de acción política gestionados con muchísima inteligencia, por eso lograron instalar, muy temprano, que su razón de ser era la defensa de la libertad de prensa: libertad de prensa para informarle a la sociedad sobre lo que sucedía a diario sin condicionamiento alguno, sólo con la verdad… Ahí ya tuvimos el bolazo fundacional que no paró de crecer hasta nuestro días. No es necesario estudiar comunicación social para descubrir el sofisma que nutre al concepto “libertad de prensa”, basta sólo con ver el hilo conductor de los términos de propiedad de un medio con lo intereses que defiende para ratificar la esencia de poética lunfarda que nutre a la comunicación de masas: Puro verso.

En estos días estamos asistiendo a una nueva fase en el desarrollo de los medios como actores políticos, consiste en observar cómo elección tras elección se han ido transformando en plataformas de lanzamiento de hombres y mujeres que -dicen- pasan del periodismo a la política (el caso de Débora Pérez Volpin es el más emblemático). Aquí tenemos el primer gran bolazo: esta periodista no dejará de pensar lo mismo ni de defender determinadas nociones porque pase de un canal de televisión o en una banca en la legislatura, solamente sucede un cambio de formato, pero el emisor y el mensaje siguen siendo los mismos.

Pensándolo bien no podría ser de otra manera: en una sociedad donde día a día la comunicación va creciendo en términos de progresión geométrica es natural que las figuras formateadas en los medios se aferren a ese prestigio y conocimiento para volcarlos a la gestión y que las fuerzas políticas en muchos casos se desvivan por “ficharlas”. El sistema de medios se encargará luego de validar o no estos pases porque mientras hoy se escuchan comentarios favorables al enroque de Pérez Volpin, recuerdo cómo dos años atrás se trató de aventurero a Diego Brancatelli cuando quiso candidatearse a concejal por Nuevo Encuentro en Ituzaingó y no lo pudo hacer por problemas de domicilio. No se le objetaba el DNI sino su posición política.

Hoy nos encontramos, entonces, en un territorio que si bien aparece como novedoso, en realidad tiene sus años. Si de atraer “famosos” a la política se trata ya Carlos Menem fue quien gestionó las primeras grandes transferencias con Daniel Scioli, Carlos Reuteman y Palito Ortega, demostrando su eficacia. Si bien ninguno de estos tres personajes provenían de los medios, de todos modos se demostraba con creces que el prestigio en otras áreas constituía un sustento fortísimo para la acumulación electoral. La experiencia fue indudablemente exitosa y de a poco fuimos ingresando en una situación donde los medios acrecientan su influencia a diario y esto no deja de tener su lógica: que una “carrera exitosa” en una radio o la tele constituya la antesala de la acción política explícita vendría a ser algo a todas luces natural, una decantación lógica que alberga una celada social harto peligrosa, que consiste en reconocer algo obvio y es que quienes han salido, por ejemplo, de alguna de las empresas del grupo Clarín, en líneas generales defenderán en su acción política buena parte de los valores del medio que los formateó con la gravedad de que en muchos casos lo harán con creciente consenso social. Estaríamos ingresando así en una nueva etapa donde los grandes grupos multimediáticos, además de marcarnos en qué pensar, ahora pasan directamente a representarnos en la vida cotidiana a través de referentes diseñados en lo político por ellos. Ya no sólo nos muestran a quienes, siempre según ellos, son grandes pensadores sino que ahora nos ponen en la grilla electoral a sus figuras para que las votemos, para que “nos representen”. ¿De qué estamos hablando sino de una influencia cada vez más devastadora de un sistema de medios que ya no sólo le formatea la cabeza a la sociedad sino que ahora se apropia, poco a poco, de su representación? La pregunta que se impone, entonces, es bastante obvia ¿Qué hacer entonces para lograr una representación por fuera del sistema de medios? Para mí, el desafío sigue consistiendo en interpretar cómo funcionan y a partir de ese diagnóstico generar un plan de acción en consecuencia. Ya no sólo se trata sólo de representar a un sector social o barrial sino que se trata de encontrar los mecanismos idóneos para hacerse conocer, entendiendo algo sencillo y central: nadie vota a quien no conoce.

Hay otros elementos a considerar también y me refiero a qué es lo que le importa a la sociedad en la diaria, que es la que incide en la elaboración de un accionar político, pero también en mensurar hasta dónde llega la incidencia de un sistema de medios con capacidad de hacernos creer cosas que jamás ocurrieron como por ejemplo las supuestas imágenes de José López arrojando los bolsos al convento aquella noche fatídica. Hasta uno cree haber visto esas imágenes que en realidad nunca se vieron porque no existieron, pero el resultado de cualquier sondeo nos arrojará lo contrario, con lo cual estamos ante una porción nada desdeñable de la sociedad que asegura haber visto algo que no existió. Marshall McLuhan aseguró hace más de cuarenta años que si un árbol se caía en medio del bosque pero no era registrado por una cámara podía ponerse en duda que ese suceso fuera cierto. Hoy ya no sólo eso sigue siendo cierto sino que los medios han llegado al punto de hacernos creer que han sucedido cosas que en la realidad no se han verificado.

Pensar en esto no debería ser sólo responsabilidad de la academia. Si nosotros, los consumidores de medios y actores en la comunicación horizontal no empezamos a interesarnos en estos temas quedaremos cada vez más retrasados en el proceso del conocimiento de cómo se va reconfigurando el tráfico de nociones, de puntos de vista y de ideas políticas, en definitiva. El macrismo como expresión política profundamente imbricada con la comunicación nos viene sacando día a día metros de ventaja. Reconocerlo no es bajar banderas sino comprender la nueva fase de confrontación en la que debemos accionar.

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  1. A mi entender, los metros de ventaja que nos saca el macrismo en la comunicación no son mas que el resultado de tener los medios de su lado.

    Por eso creo que la solución no pasa por mejorar nuestra comunicación sino por debilitar el poder de los medios como actor politico concentrado. (Descarto la otra alternativa de conseguir que los medios esten de nuestro lado, porque eso conlleva a consecuencias que no deseamos y que hoy vemos).

    La pregunta, según mi vision, es como lograr que los medios dejen de tener un poder discrecional tal que les permite vender sus apoyos y que estos sean extremandamente influyentes en una elección?
    Generar competencia es un camino que pareciera razonable. Y la competencia se genera creando nuevos retadores asi como limitando a los dominantes.
    En telecomunicaciones se logró alguna vez dividiendo a ATT y ayudando a la proliferación de los entrantes con regulación beneficiosa.

  2. Considero una buena noticia que periodistas independientes se vuelquen a la política, desde su prestigio y buena imagen en la gente.
    Necesitamos más periodistas formadas como Perez Volpins que participen en política, y menos seudoperiodistas militontos como Brancatelli que le faltan el respeto a sus colegas.

    Tal como lo anticipé el Dr. Randazzo no hará un patético acto en un estadio que lleva el nombre de un corrupto, sino que ofrecerá una conferencia de prensa a los medios independientes para llevar su propuesta.
    Es un gran acierto del Dr. Randazzo que honra su espacio que puja por construir un peronismo federal, racional, y siempre dando el debate de cara a la sociedad, en lugar de ocultarse en tarimas rodeadas de su club de fanáticos.

  3. El ejemplo de López lo reconoció ayer Duran Barba en A dos voces. Nadie vio esas imagenes del funcionario arrojando los bolsos por una pared porque directamente no existieron sin embargo los medios (eso lo digo yo) y tres datos concretos que tenemos nosotros (eso lo dice JDB) nos hacen creer que fue así. Similar a la famosa frase de Menem “si yo decía lo que iba a hacer” que jamás fue dicha por Menem sino por Guillermo Vilas y sin embargo nunca falta quién la repite incluso con la tonada yiojana del Turco.

  4. Comparto la preocupación y el diagnóstico de Gerardo y temo que soy menos optimista que El Bosnio respecto de las posibilidades de luchar contra eso, e incluso que el propio Gerardo cuando hablaba un par de posteos atrás de enfrentar el asunto con política.
    En los momentos de mayor pesimismo pienso incluso que en las condiciones actuales sería imposible cualquier revolución que intentara un cambio en la propiedad de los medios de producción, sobre todo si no tuviera como primer e irrenunciable objetivo el desmantelamiento total de los medios masivos de comunicación, ya que son los que construyen el modo de ver el mundo de quien se expone a ellos sin los anticuerpos adecuados. Las convicciones, basadas en elementos reales o no, son mucho más poderosas de lo que a algunos les conviene que creamos.
    Ojalá esté equivocado, no es algo en lo que deseo tener razón.

  5. Estamos de acuerdo Gerardo, por eso vengo insistiendo en abrir puertas e intentar sumar, ya que ellos son muchos y pisan fuerte en los medios, aunque por las dudas debemos colocar un guardaganado en la entrada para que no se nos filtre algún cuadrúpedo. Es que falta poco para las elecciones e interpelar a la ciudadanía lleva décadas.
    El kirchnerismo impulsó la inclusión, sobre todo la educativa con diferentes planes para escolarizar y facilitar luego estudios terciarios. Abrió casas de estudio y entregó subsidios, aunque en el terreno del discurso cultural apuntó demasiado alto, con intelectuales y académicos a los que respeto profundamente que no lograron llegar a las mayorías. Subestimar la TV despreciándola es fatal. Con desocupación todo es más difícil.
    El capitalismo, desde el fin de la segunda guerra, y hoy en su etapa neoliberal-neocon, viene agrietando a la clase trabajadora, y por esas rajaduras inyecta discursos
    que provocan el desprecio entre aquellos que pertenecen a una misma clase. Aquello de los trabajadores de cuello blanco frente a los de cuello azul que se instaló en EEUU en los 40 y se importó acá durante el primer peronismo. Desde entonces han logrado dividirnos en rubios-negros, clase media*-cabecitas y para no abundar, hoy en vecinos espontáneos-hordas choripaneras cucas. Una variante recién horneada es el peronismo justicialista-kirchnerismo, (este último que por supuesto sólo existiría en la zona urbana [CABA] y en el tercer cordón).
    Años de martillar hace complejo extraer el clavo.
    Para los que dispongan de tiempo y algún excedente monetario hurgar sobre el tema del surgimiento de la “clase media”, hay mucho, y si me permitís recomiendo a un tal E. Adamovsky.
    *En realidad debí poner sectores medios pues descreo de clases por fuera de los trabajadores y los capitalistas. Perdón peronistas ortodoxoos.

  6. El sistema de medios es un “recurso fundamental” en manos de oligarquías, que no es solo el “grupo Clarín”, sino todas las relaciones formales e informales que establece con el resto de los grupos oligárquicos.

    La dominación oligárquica no se da, como piensan los marxistas, a nivel de la “propiedad de los medios de producción” o del capital en sentido general. Ese es un nivel de análisis que explica ciertas propiedades del sistema a ese nivel, pero hay otros niveles de análisis que explican otras propiedades que en el nivel anterior no se ven.

    Es algo parecido a lo que ocurre con los átomos y las moléculas o células. Con las proposiciones que explican lo que ocurre con los átomos no podés explicar lo que ocurre con las moléculas o las células. Podés decir: todo está compuesto de átomos y nada más.

    Haciendo analogía (no validante) la dominación oligárquica es algo más “celular o molecular” que “atómico” y ella no abarca solo el sistema de medios, también el comercio exterior, el sistema financiero y bancario, las agencias de inteligencia estatales y privadas, las agencias de noticias internacionales,por ej. Es decir, abarca resortes globales y el ejercicio de su dominación se va adecuando y combinando en las realidades de cada país.

    El sistema de medios funciona, en conjunto, como vocero de la dominación oligárquica global, con sus particularidades locales o “nacionales”. Esto es independiente de lo que piensen los soportes de esos medios.

    La única manera de hacer más plural el sistema de medios es quitándole poder a esas oligarquías no solo en ese terreno de los medios sino en el resto de los lugares donde controlan recursos y resortes fundamentales.

    El destino de la Ley de Medios (votada por el 80% del Congreso si mal no me acuerdo) nos ilustra suficientemente de que no se trata de democracia y leyes sino de poder descarnado. Cuando no tenés resuelto a tu favor esto último es inútil las leyes, el consenso, etc., etc.

    Por eso hay que estar preparados para la debacle de este gobierno porque ella no va a significar la derrota del sistema oligárquico solo que fracasó una de sus figuritas e intentarán con otra cosa.

    Lo estratégico es recomponer las fuerzas del campo nacional y popular hasta lograr articular bajo una sola orientación y dirección al 60% del electorado nacional. Se necesita una base así para recomponer el poder del Estado Nacional (soberano) en intensidad suficiente como para hacer retroceder el control oligárquico sobre los recursos fundamentales.

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