Cosas del Gordo, a cuarenta años de su partida

Gallina hasta los huesos. Cuando Pedernera pasaba cerca de la platea le griataba “hacete otro que me tengo que ir a tocar”. Recuerdo que uno de los titulares cuando murió fue que no había podido volver a ver campeón a River, que en ese 1975 rompería el maleficio de los 18 años.

Compuso menos de 100 obras, pero casi todas maravillosas. Responso quizá es lo más elevado, obra que compuso cuando murió Homero y tocó muy pocas veces porque lo entristecía en demasía.

Piazzolla contaba que de 20 arreglos que le hacía, el gordo dejaba a lo sumo dos. “Pero eran los que iban” reconocía el propio Astor.

Maestro de cantores, licenciado en iniciación al “fraseo”.

Troilo es el punto justo. El Obelisco del Tango o su Plaza de Mayo. Imposible obviarlo o pasar al costado. Pichuco es el populismo en el Tango, con sus alas abiertas y desplegadas, abarcándolo todo.

Así al paso, y sin recurrir a Google irrumpen Piazzolla, Fiorentino, Marino, Goyeneche, Garello, Piro, Berlingieri, Baffa, como algunas de las figuras que mamaron en su sabiduría.

Un dicho que resume su saber: “Cuando el cantor agarra el micrófono, los músicos hace cuerpo a tierra”

Troilo es, sencillamente, la columna vertebral del Tango.

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