Clarín era poderoso, imaginate ahora

Clarín ha dado un paso gigantesco en lo referido al control de la comunicación en el país. Si ya tenía un poder impresionante a partir de ahora las ramificaciones de su estructura sencillamente son casi imposibles de abarcar. El tema medios es uno de los que sin duda más me han preocupado, basta chequer al archivo de Tirando al Medio para ratificarlo. Es tanto lo dicho que volver a reiterarlo suena ya extemporáneo. Algo central en las actuales condiciones es tener muy en claro el diagnóstico de porqué Clarín llego a emerger de los 12 años de gobiernos kirchneristas con algunos magullones, pero intacto y esto es vital para mirar el futuro. Cuando Néstor pronunció la famosa (y ya histórica) frase “Qué te pasa Clarín ¿estás nervioso?” marcó el punto exacto de una ofensiva contra el multimedios que llegaba ahí a su punto máximo de presión. Luego sobrevino la sanción de la Ley y se empezó a librar una batalla palaciega que, vista hoy, fue algo lógico, salvo que de manera adolescente podamos creer que un grupo de ese tamaño iba a acatar mansamente una ley que aún votada con absoluta legitimidad en el Congreso implicaba en buena medida su desguace (En el libro “El señor de la Corte” puede ratificarse lo que muchos sospechamos oportunamente y es que Lorenzetti jugó luego para la aprobación de su constitucionalidad porque desde un primer momento tuvo muy claro que tal como estaba la ley era virtualmente inaplicable) En política, el multimedios recurrió a todos los recursos que su posición dominante le brindó para poner todo tipo de obstáculos, algo lógico y de elemental sentido común. Alguien podrá protestar diciendo que no cumplió el mandato de una ley que lo perjudicaba y tendrá razón, pero eso ya forma parte de otra esfera de análisis. En política, que es lo que aquí nos interesa, Clarín se las ingenió para demorar todo lo que su afinidad con la administración de justicia le permitió hasta llegar al 10 de diciembre de 2015 con vida y llevarse puesto en días el andamiaje endeble que se había montado en la AFSCA. De ahí que la noticia de su fusión con Telecom del viernes pasado no resultó ser más que una noticia que todos estábamos esperando.

Lo que nos queda por delante, más allá del señalamiento de todo lo que significa este nuevo paso dado (recomiendo leer a Santiago Marino, a Martín Becerra y Graciana Pañafort) es reflexionar si en algún momento hubo posibilidades durante el gobierno de Cristina de aplicar la ley 22285 sino completa, al menos en aquellas áreas donde estaba permitido avanzar, pero más importante aún es analizar qué hubiera sucedido si se hubiera aceptado alguna de las propuestas de desinversión que formuló Clarín y fueron rechazadas. Sin duda, las ofertas del multimedios no implicaban una sujeción a la ley en los términos que ésta fue pensada, pero ¿No hubiera sido preferible eso a nada? Sostuve y sostengo que debió pensarse en avanzar sobre algunas de esas instancias que si bien no liquidaban el poder del grupo al menos lo empiojaban y como en todo proceso, ese empiojamiento no dejaba de ser funcional a una política de largo plazo fuertemente antimonopólica en materia de medios de comunicación. Pero además, la ley tenía otra serie de objetivos que de habérselos puesto en marcha hubieran favorecido a la perspectiva de una democratización de la comunicación en Argentina, me refiero al desarrollo de la comunicación de baja potencia. Bien, no se hizo y como dice Manolo “en política lo único que importa son los resultados”. Lo único que se podría discutir es en cuánto contribuyeron los errores propios en la aplicación de la ley para que hoy estemos observando cómo el multimedios ha dado un paso que estremece por su tamaño.

Lo importante, empero, es mirar hacia adelante sabiendo que así como Clarín tuvo el poder para soportar la embestida del kirchnerismo también lo tuvo para aprender nuevas formas de defensa si en algún momento algún otro gobierno intentara acotar su poder. Lo más peligroso de Clarín es su poder de influencia y contra eso es realmente difícil -aunque no imposible- batallar. A propósito de su influencia recuerdo el impacto que generó el programa de Lanata en Canal 13 los domingos a la noche y cómo semana a semana arrancaba con debates sobre lo que había sucedido en la noche dominical del 13. Toda esa capacidad de daño quedó intacta y ni bien tuvo la seguridad de la victoria no dudó en contratar a periodistas de otros medios que brillaban en lo suyo como Pablo Ibañez en Peronismo, sin ir más lejos, que evidentemente reverdecieron la cuadra.

El intento de estas estas líneas es instalar la noción de que si Clarín fue y es tremendamente poderoso, a partir de la llegada de Macri se transforma directamente en un coloso con una ramificación tal casi imposible de abarcar. Toda esa maquinaria puesta al servicio del modelaje de un país es decididamente fatal. Los pocos avances logrados hasta ahora quedan reducidos a casi nada. Es como esos partidos de fútbol donde el equipo que iba 0-3 abajo se pone 2-3 y en 10 minutos se come dos goles más.

Tener plena conciencia de cómo se han agravado las condiciones políticas a partir de la fusión de la semana pasada es por el momento central. Y lo que sigue es mucho pero mucho más laburo para ver cómo no sólo se recupera el poder sino qué se hará con esta mole.

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  1. “volver a reiterarlo” es una redundancia, alguien te está operando para que escribas como el tujes, Gerardo.
    Censuralo, Gerardo, Censuralo..

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