Blades deja la Salsa

El negro Guerrero en Reencuentro, su último gran programa en Radio Continental, solía poner dos veces seguidas Pedro Navaja, que duraba unos 5 minutos. Lo repetía porque las imágenes que disparaba esa obra eran interminables. Con seguridad eso le sucede hoy a todo el se meta en el clima de esa obra de arte que sin dudas constituye el punto máximo de elaboración de la música latina hecha en New York. Rubén Blades es el autor de esta maravilla. Rubén, que hoy cumple 68 y se rumorea que abandona la salsa.

Al contrario de lo que se cree por estos lares, la salsa nunca existió como ritmo: podrá ser un son, un mambo, una guaracha, ritmos de Cuba, o una Bomba o Plena puertoriqueña, como dijo alguna vez el pianista Sony Bravo “una noche me dormí tocando música cubana y desperté tocando Salsa“. ¿Qué distintivos tuvo esto que se conoció como salsa? Dos cosas: 1) El rol central del trombón en la cuerda de vientos y 2) La incorporación de temas sociales en sus textos. La Salsa fue la relatora de las vivencias de cubanos, portorros y demás latinos en Nueva York, desde cuestiones de droga a problemas laborales, todo eso fue contado en la letrística de eso que llamamos Salsa y que reconoce a Blades como la gran figura que sintetizó al compositor consciente del tiempo que le tocó vivir con el cantante popular. La obra de Blades sirve para pintar el drama cotidiano del latino trasplantado por diversos motivos -casi todos económicos- a la gran manzana. En Siembra, ese disco editado en 1978 pero que en Argentina conocimos 4 años más tarde, junto a Pedro Navaja figura Plástico, esa otra obra de arte que describe como ninguna otra a esa gente que cuando transpira suda “Chanel number three“. Pedro Navaja y Plástico son dos miradas atentas de lo que le pasa al latino en Nueva York, dos observaciones agudas que anticiparon mucho de lo que décadas más tarde se empezaría divisar en otras realidades. Sin ir más lejos, nuestra Cumbia Villera se emparenta en eso de relatar historias de barrios bajos.

Rubén Blades dice que se aleja de la Salsa y uno sospecha que lo hace porque ya está grande y asume que el tiempo que le toca vivir de ahora en más es otro. No está mal: nos ha dejado una obra salsosa inmortal, textos brillantes musicalizados maravillosamente con aportes de músicos fabulosos como Oscar Hernández, Yomo Toro y en los últimos años los costaricenses de Ritmus, por nombrar sólo algunos de la inmensa cantidad de figuras que pasaron por sus bandas. Comenzó como cadete en las oficinas de Fania, entre mandado y mandado componía y se imaginaba algún día en los escenarios junto a Cheo Feliciano, su gran modelo. Vaya si lo logró…

Seguro que nos seguirá regalando maravillas, el tipo es un creador de la ostia y de hombres así siempre se pueden esperar gratas sorpresas

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